Un conocido bailarín había sido invitado a una entrevista televisiva de la noche. El trabajo no le iba a dar mucho que hacer, ya que sólo consistía en sentarse en un sillón y comentar el mundo del espectáculo. Pero resulta que tenía la voz muy aguda; por eso, durante las pruebas, el director le rogó que hablase con voz "más de hombre". El bailarín exclamó: -Oye tesoro, por cuatro perras que me das, ¿no pretenderás también hacerme cambiar de género?


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