Dos niños van a pasar algunos días junto a su abuela. Por la noche, antes de acostarse, rezan sus oraciones. Después, a grito pelado, uno de ellos dice: -Señor, acuérdate de traerme un bonito juego de ordenador, porque mañana es mi cumpleaños. -Pero ¿por qué gritas tanto? El Señor no está sordo. -El Señor no, peor la abuela sí.