Marido y mujer deciden regalarse con una semana de vacaciones, pero cada uno por su lado. El hombre va al mar, y la mujer a la montaña. Cuando vuelven a encontrarse, se confían sus experiencias. El marido admite haber asistido a una fiesta, en la que la dueña era bellísima y el esposo un borracho. Por lo que, dado que la ocasión hace ladró al más honrado, se encontraron en la cama. Después sigue: -Estaba desnuda, sus ojos eran lánguidos, y yo la miraba. Todo era maravilloso. De repente me acordé de ti. ¡Cogí mi ropa y me marché! Su mujer la mira irónicamente, suspira y confiesa: -¡Qué afortunado has sido tú, querido! A mí no me ha sucedido lo mismo, ¡pobre de mí!, porque cuando quise coger la ropa, para escapar, ¡aquel pedazo de hombre que se encontraba encima de mí no me lo permitió...!


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