La principal terminal ferroviaria de Londres es la estación de Waterloo. Un día un militar de alto rango coge un taxi en el centro de la ciudad, y le dice al taxista: -¡A Waterloo! -¿La estación, señor? -Por supuesto. Ya sería demasiado tarde para la batalla.
Era tan patriota, que no se emborrachaba el día de la fieta nacional; prefería pagar sus impuestos atrasados
Comenta un filósofo: -Yo no entiendo a la gente. Dígale a cualquiera que en media hora se puede dar la vuelta al mundo, o que en el Pakistán ha nacido un niño con cuerpo de víbora, y se lo creerá. Pero no ponga en un banco el rótulo de "pintura fresca", porque todos pasarán el dedo para ver si es verdad.
Un individuo de vida sedentaria que jamás había hecho un viaje, ni salido de su barrio, durante 50 años, un día decidió cambiarse al apartamento de al lado.
La política es un juego maquiavélico en el cual los políticos ponen las fichas y las jugadas las hace el diablo.
Si peleas con uno que te dobla en peso y estatura, tendrás el mejor pretexto para que te ponga la cara morada.
En las excavaciones encuentran un esqueleto muy bien conservado. Los científicos lo examinan y dicen: -Es un hombre blanco, cazador, y tiene exactamente 879 años. -¡Sensacional! ¿Y cómo pueden saberlo con semejante exactitud? -El esqueleto lo confesó todo anoche.
¡Noticia de última hora! Un OVNI acaba de aterrizar en el aeropuerto de Barajas. Los extraterrestres se encuentran en perfectas condiciones,... ¡pero perdieron el equipaje!
-¿Por qué no pudo llevar un regalo a su esposa el día de su cumpleaños? -No sé. -Porque fue a la joyería pero todavía estaba abierta.
-¿Cuál es la diferencia entre un hombre sabio y otro idiota? -No sé. -Ninguna. Los dos creen que lo saben todo.
Era tan vanidoso, que en una boda deseaba ser la novia y en un entierro el muerto.
Tenía unas ideas tan brillantes que la gente lo usaba como linterna.
Era tan avaro, que intentaba matar la liebres con una escopeta sin cartuchos.
Era tan tonto, que cuando supo que un reloj tenía doscientos años se extrañó porque él creía que todos tenían veinticuatro horas.
-¿Vives en una casa estilo barroco? -Dirás más bien estilo barraca.
El charlatán pregonaba el elixir rejuvenecedor. -Mírenme a mí, joven, fresco... y tengo más de 300 años. -¿De veras tiene esa edad? -preguntó un curioso al ayudante del charlatán. -No sé. Yo sólo llevo 150 años trabajando con él.
Era tan bajito, que las cartas que echaban por debajo de su puerta, le daban en las narices.
-Acabo de oír las noticias de las ocho. -Pero si apenas son las siete... -Es que yo siempre llevo mi reloj adelantado
-¿Verdad que esta peluca me hace veinte años más joven? -¡Y veinte veces más idiota!
-¿Qué es un hombre educado? -El que sabe contestar a cada pregunta con una rápida mentira.