Un hombre de 93 años va al médico y le dice: —Doctor, que la nutria no responde a la llamada. Ahora estoy viudo y el otro día tuve un plan, pero no había manera de despeinar la cotorra. —Hombre, don Atilano, usted ya tiene una edad. Todos nacemos con un máximo de 3.000 petardos. Con todas las relaciones que ha tenido, ya los habrá gastado. Don Atilano se va a casa, hace las cuentas y vuelve al médico. —Mire, doctorcito, a mí me salen 2.400. ¡Me faltan 600 para los 3.000! —Es que también hay que contar los que le han explotado en la mano.