Un avión lleno de gallegos llega a Estados Unidos y cuando van a salir del avión se quedan todos parados en la puerta. La azafata extrañada le pregunta al primer gallego de todos que si van a bajar o no y el gallego le responde: -Hemos decidido que hasta que no se vaya Well, de este avión no baja nadie. -¿Quién es Well? -pregunta la azafata. -El que pone su nombre en ese cartel. -¿Qué cartel? -Ese de allí que dice: Well-come gallegos.
Un gallego vuelve a su casa inesperadamente y se encuentra a su mujer en la cama con su mejor amigo. Se va rápidamente a buscar una pistola, mientras dice que les va a matar a los dos, que obviamente están acojonados. Pero cuando vuelve con la pistola al dormitorio, se queda parado en la puerta, apoya el cañón en su sien y cierra los ojos. La esposa y el amante se sienten sin duda alguna aliviados al ver que el marido se va a pegar un tiro, y entonces dice el marido: -Pues no se de que os alegráis, después de suicidarme os voy a matar a vosotros.
Un campesino gallego recibe una carta de su hermano, que ha emigrado a tierras americanas: -Ven pronto, el dinero está tirado. El gallego, sin pensarlo mucho se embarca rumbo a Nueva York, y apenas baja del barco ve un billete en el suelo de cien dólares. Se dispone a cogerlo, pero pensándolo mejor dice: -Mi hermano tenía razón, pero no voy a ponerme a trabajar ya desde el primer día.
Una galleguita morena y muy bonita sin dinero sube a un tren. Llega el vigilante. -No tengo billete. Pero si quiere se lo puedo pagar de otra forma. El vigilante acepta, y se lo cuenta a sus compañeros de tren, y a las tres estaciones otro vigilante repite la misma historia, con idéntico resultado, y así cuatro veces. Al llegar a una estación sube el inspector: -Billete, por favor. -Yo no llevo billete. -¿Y desde dónde viaja sin billete? -Desde La Coruña. -¿Y hasta dónde va? -Si la rajita aguanta, hasta Oviedo...
Eran 2 gallegos y le pregunta uno al otro: -¿Qué hacen las hormigas fuertes. -Pues no sé. Hacen hormigón...
Un gallego baja del tren con el rostro verde. Un amigo le pregunta qué le ha pasado. -Me he mareado -responde el viajero-. Me pongo malísimo cuando viajo de espaldas a la locomotora. -Pero ¿Por qué no le has pedido al viajero sentado en frente que te cambiase de sitio? La gente siempre se muestra muy amable con estos casos. -Ya lo he pensado -reconoce el viajero-; pero es que no había nadie sentado delante.
A una criada gallega se le cayó al suelo toda a vajilla pero, educada en la alta escuela, le dio la noticia así a su señora: -Señora, su vajilla que antes era de 36 piezas, ahora es de 52.
En la vía pública pregunta un gallego. -Por favor, señor, ¿cuál es la Puerta del Sol? -Es la que viene, siga derecho. -Pues si es la que viene, será mejor que espere aquí.
-¿Por qué no no hay gallegos ateos? -Porque no tendrían fiesta los domingos.
Un pintorcillo tenía un ego muy marcado. Un día conoció a una estupenda chica y le dijo: -Quisiera hacerte un desnudo. -Bueno. Y se desnudó él.
-¿Cómo se conoce a un gallego modesto? -No lo sé. Muy fácil, es el que puede pasar dos horas sin hablar de sí mismo.
Era un gallego tan desconfiado, que cuando compró un raticida, lo ingirió para ver si surtía efecto.
Un hombre violento y fuerte está insultando a otro gallego pequeño y tímido: -¡Usted es un estúpido, un puerco, un imbécil! Aprovechando una pausa del agresor, el ofendido protesta: -Bueno, bueno,, ya basta de indirectas.
Un pintor gallego muy vanidoso decía: -Cuando yo muera, quiero que todos mis cuadros vayan a una institución benéfica. Y alguien sugirió: -Sí, al Instituto Nacional de Ciegos.
Un turista llega a un pueblo de pocos habitantes: -Pero, ¿por qué está la estación tan lejos? Y le contesta el gallego: -Para que esté cerca de las vías.
-Señora, me voy a trabajar a casa de la señorita Adelaida. -¿Cómo? ¿Prefieres trabajar con ella antes que conmigo? -Sí, señora. -¿Y sabe que has estado trabajando conmigo ocho meses? -Dice que no necesita más referencias, ya que he aguantado tanto con usted, con ella estaré toda la vida.
Era un gallego tan bruto, tan bruto, que sus padres, cuando nació, en vez de bautizarlo lo patentaron.
La señora le dice a la criada gallega: -Tira el agua a la calle, pero cuidado de no mojar a nadie. La criada vuelve. -Ya está señora. -¿No mojaste a ninguna señora ni a ningún caballero? -No señora, tan solo mojé totalmente a un policía.
Un gallego en la estación: -¿A qué hora sale el tren de las ocho menos cuarto? -A las 7:45. -¡Qué fastidio, siempre están cambiando los horarios!
En la mili: -¿A quién estás escribiendo? -A un amigo. ¿Y por qué escribes tan despacio? -Es que el pobre apenas sabe leer.