Un hombre muy mujeriego y muy borracho, se muere y se va al infierno. Allí Satanás lo mete en un habitación llena de porrones y mujeres desnudas, con una cama en medio. El hombre alucinado al ver este sorprendentemente espectáculo exclama: -¡Caramba, vaya con el infierno, pero si esto es lo mío! con el paso de los años, se muere un amigo de éste, de iguales características. Al verle, encuentra muy deprimido al primero de ellos. El recién llegado se acerca y le dice: -Pero, ¿qué pasa? Pepe, ¿si esto es lo nuestro? -Calla, desgraciado, eso es lo que pensaba yo; pero, ¿no te has dado cuenta que ni las mujeres ni los porrones tienen agujero?
Dos amigos se dirigen a sus casas completamente borrachos. -Juan, te tengo que confesar algo: desde hace algunos años soy el amante de su señora. ¿Me perdonas, amigo? -Eso demuestra lo mentirosas que son las mujeres -contesta Juan. -¿Cómo...? No te entiendo... -Sí... ¡hip, hip! Mi querida señora siempre me ha querido despertar los celos diciendo que tiene un galán bien parecido y elegante... ¡Hip, hip! ¿Y no me irás a decir que tú eres guapo y elegante...? ¡Hip, hip!
Dos maricas van charlando por la calle. -Oye Pepa -le dice uno al otro-. Si me pegase un tiro, ¿tú lo sentirías? -Claro, guapa -responde el otro-. ¡Yo seré marica pero no sorda!
Siempre cuando un Jefe de Estado llega al Cielo, Dios se pone de pie para darle la bienvenida. Tan sólo cuando llegó Franco no se levantó. San Pedro se acercó y le dijo: -Padre Eterno, ¡es el Generalísimo de España! ¿Por qué no se levanta como hace con todos los demás Reyes y Jefes de Estado? -¡Jamás con éste... Si me levanto, seguro que se sentará en mi trono para siempre.
En el Paraíso, Eva le estaba organizando un escándalo a Adán porque todas las noches llegaba tarde a casa. -No comprendo tus escenas de celos. Si aquí no hay nadie con quien te pueda engañar. Sólo estamos tú y yo... Aquella misma noche, mientras Adán dormía, Eva le contó minuciosamente, una por una, todas sus costillas.
-¿Qué tal es el relojero que te recomendé? -Pésimo. Me dejó tan mal el reloj, que ahora en vez de darme la hora me la pregunta.
-¡Qué disfraz tan espantoso te has puesto! ¿A dónde vas? -A sembrar. -¿Qué piensas que vas a sembrar vestido así? -¡El pánico!
Anita invita al travieso de su amigo a comer: -Oye, el otro día que vine, mi sopa tenía una mosca y hoy tiene huevo duro, ¿por qué? -Porque se os han acabado las moscas.
Regresa de su viaje por Francia y le recibe un paisano amigo suyo. -¿Cómo te fue por Francia? ¿Tuviste problemas con el idioma? -Yo ninguno, amigo mío. Los que lo tuvieron fueron los franceses.
Un amigo se encuentra con otro que está completamente vendado y anda con muletas. -¡Hola! ¿Qué te pasó? -Tuve un serio accidente con mi mujer
Un ex-aficionado al ajedrez, que se había quedado ciego, reta a otro a ugar. Éste, un tanto cohibido, le dice: -Acepto con mucho gusto, pero le concederé alguna ventaja. -Ninguna -dijo el invidente-, jugaremos en igualdad de condiciones. -Muy bien. ¿Cuándo será la partida? -La noche que usted quiera.
-Oye, si ves a Gonzalo, dile que le espero mañana. -¿Y si no lo veo? -Entonces le saludas y nada más.
Se lamenta un marido a un amigo: -Es triste envejecer solo. Yo cumplo un año cada doce meses, pero mi mujer hace diez que no cumple ninguno.
El bueno de mi amigo jugaba por deber, lástima que siempre perdía por obligación
Entre amigas: ¿Por qué rompiste tu compromiso con el acaudalado don Roberto? -Porque le vi un día en traje de baño y me pareció muy diferente sin su billetera.
-Ayer me compré un reloj. -¿De bolsillo? -No, de pulsera. -¿Qué modelo? -Automático. -¿Qué marca? -La hora.
Dos amigos casados están leyendo el periódico y uno de ellos dice: -Mira qué noticia: "Un marido mata a su mujer porque le registraba los bolsillos". -Voy a recortarla. -¿Y qué vas a hacer con el recorte? -Ponérmelo en el bolsillo.
Un hombre casado enseña a un amigo la foto de su mujer en una lancha. -¿Qué te parece? -Es una preciosidad, ¿qué velocidad alcanza?
Un hombre llegó a la ciudad y escribió a su compadre del pueblo una carta que empezaba así: Te escribo despacio porque sé que no lees deprisa
-Anoche cené en casa de los Sánchez. ¡Y los cubiertos eran de oro! -No lo creo. -Supuse que me lo pondrías en duda y por eso me traje dos cubiertos de muestra.