-Capitán, capitán, se acerca un barco pirata por la derecha. -Se dice por babor... -Por babor, capitán, se acerca un barco pirata por la derecha.
Antes de despegar, una azafata de vuelo le comenta a otra: -Estoy preocupada, hay un señor que tiene miedo de subir al avión. Su compañera, para tranquilizarla le dice: -No te preocupes, mujer, eso sucede a menudo. -Sí ya lo sé, pero es que es el piloto.
-Capitán, capitán, se acercan cien carabelas -¿Una flota? -No, merluzo, flotan todas
Un caracol está cruzando una carretera y es atropellado por una tortuga. Cuando el caracol recupera la consciencia, en el hospital, el médico le pregunta: -¿Qué pasó? -No lo sé -responde el caracol-, todo fue tan rápido...
Una madre y su hijo están esperando el autobús, y ella le dice al niño: -Cuando el conductor te pregunte cuántos años tienes, tú le dices que cuatro, así no tendremos que pagar billete. Suben al autobús y el conductor le pregunta: -¿Cuántos años tienes? -Cuatro -dice el niño. Y el conductor le dice: -¿Cuándo cumples los cinco? -En cuanto me baje del autobús
Una niña está jugando junto a su madres y de pronto le dice: -Te quiero. La madre sonríe y dice: -Qué bonito cariño. Pero también se lo podrías decir alguna vez a papá. Va la niña junto a su padre y le dice: -Papá, quiero a mamá.
Un niño le pregunta a su padre: -Papá, ¿te gustan los frutos tostados? -Sí, hijo, me gustan mucho. -Uf, menos mal, porque el huerto se está quemando.
-Papá, Martita ha encendido el ordenador. -Bueno, déjala que juegue un rato. -Como quieras, pero cuando las llamas lleguen a tu habitación ya te las apañarás.
El niño llega a casa de la abuela y en cuanto tiene ocasión se le acerca tímidamente pero con gran ilusión y le dice: -Abuelita, ¿me enseñas el pajarito? -Que dulce. Sin embargo, yo no tengo pajaritos, ¿por qué lo dices? -Papa dijo al salir de casa que íbamos a ver a la cotorra de la abuelita.
Juan y Pepe eran amigos y se encontraron de casualidad en un semáforo. -Juan, ¿cuánto tiempo? Te veo fenomenal. Te cuidas, ¿cuál es tu secreto? -Soy feliz porque no discuto ni con la mujer ni con nadie. -Jaja, claro Juan, pero no será de eso. -Pues no será de eso.
El señor Roberto, el que era muy miedoso, ¿sabías que se había muerto? -No, ¿qué le pasaría? -Pues ya ves, resulta que estaba en cama más o menos tranquilo, se le escapó un pedo y se murió del susto.
-El vecino debe ser muy mayor. -Ya lo creo, es muy viejo. -¿Cuánto dirías que tiene? -Fijo no lo sé, pero según dijo mi abuelo cuando nació el vecino no había clases de historia.
-A ver Pepe, dispara al aire. -No se cómo hacerlo, ya sabes que soy muy torpe. -No es tan difícil Pepe, venga, apunta y dispara al cielo. Va Pepe, apunta y falló.
-Ven aquí hijo mío. A ver, ¿sabes cuál es la diferencia entre un bote de garbanzos y una caja de chinchetas? -No, mamá. -Esta bien. Bueno, será mejor que mande a tu hermano al mercado.
El príncipe era realmente muy feo y desagradable. De hecho una vez se le acercó Cenicienta pero se regresó a casa a las once y media.
La mujer era realmente pequeñita, y su boca también. Por ejemplo en vez de decir tres, decía uno, uno y uno. Tampoco podía comer más nada que espaguetis.
El catalán más tacaño no podía ser ya, de hecho caminaba y no quería ponerse al sol para no dar sombra. Era tan avaro que por no dar, no daba ni las gracias.
Fernando tenía dos desgracias y es que era muy delgado y desafortunado. Por eso para hacerse ver a veces tenía que pasar 2 veces seguidas. Una vez se fue a sentarse en un pajar y se clavó la aguja.
Era un hombre realmente pequeñíto que cuando salía de casa en invierno se ponía un calcetín como bufanda, y además al llegar al borde de la acera saltaba y usaba paracaídas.
Era una bruja muy pequeñita y tan baja que su cabeza le olía a pies. Pero es que además cuando salía volando no usaba escoba sino la escobilla del váter.