El termómetro en la oreja de Irene

Dos enfermeras monjas se cruzan por un pasillo en un hospital: -Irene, ¿qué haces con ese termómetro en la oreja? -Mierda, ¡ahora ya sé quién tiene mi lápiz!

Lo que hay que hacer para ir al circo

La abuela María le dice a David: -David, si te portas bien, irás al cielo. Y si te portas mal, irás al infierno. -Y para ir al circo, ¿qué tengo que hacer?

El divorcio y quién parió al niño

Un matrimonio se está peleando y la mujer le pide el divorcio al marido: -Yo me quedo con la casa y con el niño. -¿Y eso por qué? -pregunta el marido. -Pues porque es mío, lo llevé en mi vientre. -¡Pero si tampoco es tuyo! -contesta el marido. -Ah, ¿no? ¿Y quién lo parió? -No sé... ¿Recuerdas el día que nació, estando en la maternidad, que se ensució y me dijiste que lo cambiara? -Sí... -Pues eso hice... ¡Lo cambié!

El puzzle de dos a tres años

El loco Adelino le dice a un colega: -Tío, ¡soy un genio! ¡He acabado este puzzle en dos días! -¿Y qué tiene eso de especial? -Pues que en la caja ponía: de dos a tres años.

La vuelta al mundo o preferir otro sitio

Le dice una amiga a otra por teléfono: -Mi marido quiere que demos la vuelta al mundo, pero yo preferiría ir a otro sitio.

Caperucita y el lobo en el bosque

Va Caperucita Roja por el bosque y ve unas orejas detrás de unos arbustos: -Lobo Feroz, Lobo Feroz, que te estoy viendo... Las orejas desaparecen y Caperucita sigue caminando. A los cien metros, ve una cola saliendo de detrás de un árbol. -Lobo Feroz, Lobo Feroz, que te sigo viendo... La cola desaparece y Caperucita sigue caminando. A unos pocos pasos, ve una mandíbula apretada con fuerza tras unas flores. -Lobo Feroz, Lobo Feroz, que te sigo viendo... A lo que el lobo asoma la cabeza, cabreado y dice: -Caperucita, ¿me quieres dejar cagar tranquilo?

David y lo aprendido en el colegio

Cuando David llega a su casa su madre le pregunta: -¿Qué tal, David? ¿Has aprendido mucho en el colegio? -No creo, porque tengo que volver mañana.

El turista cena en el castillo

Un turista llega por la noche a un castillo y su dueño lo invita a cenar con él. A media cena, el turista le dice: -Oiga, este castillo es muy chulo, pero... ¿tiene fantasmas? El dueño se pone a reír y le dice: -¿Fantasmas? Pero ¿qué tonterías dice? En seiscientos años que hace que vivo aquí no he visto ninguno.

Prohibido cazar en el bosque

-Oiga, aquí está prohibido cazar. -Pues dígaselo al león, ¡y rápido!

El vaquero y el caballo pintado

Un vaquero entra en un saloon del Oeste y grita muy cabreado: -¿Quién es el imbécil que me ha pintado de verde el caballo? Entonces se levanta otro vaquero, un tiparrón de dos metros y con cara de tiburón gamberro, y dice: -He sido yo. ¿Pasa algo? -No, nada, que si quieres darle otra capa de pintura, por mí, perfecto, ¿eh?

El vendedor de loros en la calle

Un hombre está vendiendo loros en la calle. Lleva un loro en el hombre, otro loro en el codo y otro loro en la mano. Pasa un cliente y le pregunta: -¿Cuánto vale el loro que tiene en la mano? -Veinte euros, señor. -¿Y qué sabe hacer? -Habla inglés y español. -¿Y cuánto vale el del codo? -Cien euros, señor. -¿Y qué hace? -Además de hablar inglés y español, también habla ruso, chino, portugués y alemán. Sabe informática y cocina a las mil maravillas. -¡¡¡Qué extraordinario!!! ¿Y cuanto vale el del hombro? -Ah, ese vale un millón de euros, señor. -¡¡¡No puede ser!!! ¿Y qué sabe hacer? -No tengo ni idea señor, pero los otros dos le llaman jefe.

Dos amigos hablan de sus hijas

Se encuentran dos amigos que hace tiempo que no se veían y uno le dice al otro: -Oye, y tus hijas, ¿qué tal? ¿Cómo se llamaban? -Marbú y Fontaneda. ¿Y la tuya? -María. -¡Caramba! ¡Como las galletas!

El hombre que quiere casarse

Un hombre le dice a una chica: -No entiendo qué razón encuentras para no casarte conmigo. -¿Ni mirándote al espejo?

La apuesta de la piscina con cocodrilos

Un millonario da una fiesta en una de sus mansiones, y en un determinado momento les dice a los invitados que estaban mirando la piscina llena de cocodrilos: -Os haré una apuesta: el que logre cruzar esta piscina y salir vivo al otro lado ganará todos mis coches. ¿Alguien se atreve? Visto que todos callan dice: -Además de mis coches le daré todos mis aviones privados... Todos callan y dice: -Os daré todos mis coches, aviones y mansiones. Finalmente uno salta a la piscina y todo el mundo observa cómo el tío se defiende de los cocodrilos, les pega patadas para alejarlos y sale lleno de arañazos. El millonario lo felicita y dice: -¿Dónde quiere que le entregue mis coches? -Gracias pero no quiero sus coches. Ya tengo. -¿Y los aviones? -No necesito nada suyo, las mansiones tampoco. Impresionado el millonario pregunta: -Si usted no quiere nada mío, ¿entonces qué quiere? -¡¡¡Encontrar al desgraciado que me ha tirado a la piscina!!!

El niño sin billete en el tren

El revisor del tren le pregunta a un niño bastante crecidito que viaja sin billete: -¿Es posible que solo tengas cuatro años? -Claro que tengo cuatro años. -¿Estás seguro de que no te equivocas? -Segurísimo. Hace cinco años que digo lo mismo.

Los remeros y la noticia del César

En la época romana, un supervisor les dice a los esclavos encargados de remar en una embarcación imperial: -Remeros, tengo una noticia buena y una mala. Todos los esclavos gritan: -¡La buena, dinos la buena! -La buena es que el César en persona vendrá a veros. -¿Y la mala? -Que viene a hacer esquí acuático.

El paciente y el café que duele

Le dice un paciente al doctor Tilla: -Doctor, cuando tomo café me duele un ojo. -Pues quítele la cucharilla.

El explorador perdido en el desierto

Un explorador va por el desierto, se encuentra a un nativo y le dice: -Oiga, por favor, ¿el oasis? -Sí, mire, siga recto y el jueves gire a la derecha.

El doctor visita al señor Gerardo

El doctor Tilla va a visitar a un paciente a su casa y, como no le abre la puerta, le pregunta al portero: -Perdone, ¿sabe si el señor Gerardo ha salido? -Sí, ha ido a un entierro. -Gracias. Y... ¿sabe si tardará mucho? -Hombre, creo que sí. Más que nada, porque era el muerto.

El pasajero que se queja en el vuelo

Durante un vuelo, una azafata se acerca a un hombre que se está quejando y le dice: -¿Qué le pasa, señor? -Pasa que estoy hasta las narices de esta compañía aérea. Ni puedo ver la peli ni me dejan dormir. La azafata respira profundamente y le dice: -Comandante, ¿y si deja de quejarse y aterriza de una vez?