Se encuentran dos avaros y uno le dice a otro: -Oye, ¿has perdido tu anillo de casado? -¡Qué va! Es que esta semana le toca llevarlo a mi mujer.
Moncho, el marido gruñón, le dice a su mujer, Remedios: -Voy a comprarle una bicicleta al niño, para que deje de hacer tonterías. -¿Y tú crees que con una bicicleta dejará de hacer tonterías? -No, pero las hará más lejos.
En un tribunal, le pregunta el fiscal a un testigo: -¿Es cierto que el día de los hechos usted se acordó de los muertos del denunciante, y maldijo a su madre y llamó cerdo a su padre? Y dice el acusado: -No, hombre... esto es mentira. Yo estaba tan tranquilamente trabajando en la fundición y entonces le dije: Alberto, por favor, ¿no ves que me has tirado todo el acero fundido por la espalda y que es una sensación muy desagradable? Ten un poco de cuidado, por favor.
El psiquiatra le dice al loco Adelino: -O sea, que usted oye gente que habla sin poder saber dónde están, ¿no? -Sí, doctor. -¿Y cuándo le pasa eso? -Cuando hablo por teléfono.
La señorita Pepita les dice a los alumnos: -Ahora os contaré cómo fueron creados el primer hombre y la primera mujer. -Eso ya lo sabemos profe. Ahora nos gustaría saber cómo fue creado el tercer ser humano.
La NASA organiza una expedición a Marte que dura ocho años. Para este viaje, mandan a tres astronautas: un ruso, un japonés y un español. Antes de despegar, les dicen que pueden elegir una cosa cada uno para llevarse. El ruso dice: -Yo quiero llevarme a una mujer. El japonés dice: -Yo me quiero llevar unos chips y herramientas. El español dice: -Yo me quiero llevar una caja enorme llena de cigarrillos. A los ocho años, vuelve las nave y los tripulantes. El ruso baja con la mujer y con ocho hijos. El japonés baja con un robot que inventó con sus chips. Y por último baja el español gritando: -Fuego... Fuego... ¡Que alguien me dé fuego!
En un juicio, después de condenar al acusado a veinte años de cárcel, el juez le pregunta: -¿Desea el procesado decir alguna cosa? -Sí, señor. Avisen a mi mujer de que no me espere para cenar.
Tres amigos hablan de las grandezas de sus familiares. -Mi abuelo era campeón de lucha libre -dice uno. -Pues mi tío fue el mejor cantor del mundo -dice otro. -Eso no es nada -dice el tercero-. ¿Habéis oído hablar del mar Muerto? Pues lo mató mi bisabuelo.
En la consulta del oculista, dice un paciente: -¿Usted cree que soy corto de vista, doctor? -Doctora.
Un tonto va al registro civil y dice: -Hola, vengo a cambiarme el nombre... -Hombre, es que eso es muy complicado, hay que rellenar muchos papeles. ¿Por qué no se queda con el nombre que ya tiene? -Porque es muy feo. -Ah, ¿sí? ¿Y cómo se llama? -Alberto Cagarrina. -Hombre... en ese caso, yo mismo se lo cambio. ¿Qué nombre quiere? -Alfonso Cagarrina.
Un matrimonio estaba durmiendo en la cama, y de repente oyen las campanas: -Tooooooon, tooooooon, tooooooon... Y ella dice: -Pedro, ¿qué hora es? -La una. -¿Estás seguro? -No voy a estar seguro, si la he escuchado tres veces.
David le pide tres euros a su madre, que le pregunta: -¿Qué hiciste de los tres que te di ayer? -Se los di a una anciana de la calle... -Así me gusta. Al día siguiente, David vuelve a pedir dinero: -Mamá, ¿me das dinero para aquella viejecita? -Pero ¿por qué te interesas tanto por esa pobre mujer? -Es que vende helados.
En un examen de navidad, le dice la señorita Pepita a David: -David, no copies el problema de Martina! -¡Qué va, profe! No copio el problema. ¡Copio el resultado!
Un hombre va al restaurante y lee en el menú: Verduras a elegir. -Oiga, camarero, ¿cuáles son las verduras que ofrecen? Y el camarero Tomás contesta: -Tomates. -¿Y qué más? -Nada más. -Entonces, ¿entre qué puedo elegir? -Entre si los quiere o no los quiere.
Le pregunta David a Martina: -¿Tú sabes qué animal come con la cola? Martina se queda muda. -Todos. ¡Porque ninguno se la quita para comer
Un excursionista va paseando cerca de un barranco y le pregunta a un campesino que estaba por allí: -Oiga, ¿aquí no había antes un letrero que decía peligro? -Sí, pero lo quitaron porque no se caía nadie.
Una viuda llora la muerte de su esposo y dice: -Me consuela que esté en el cielo. -¿De qué se murió? -pregunta un vecino que se acababa de mudar al edificio. -Se cayó por el balcón. -Pues sí que rebotó fuerte.
El loco Adelino entra en un restaurante y le pide al camarero Tomás: -Una tortilla. -¿La quiere francesa o española? -Me da igual, porque no pienso hablar con ella.
Un hombre visita una exposición de perros, y al pasar ante una de las jaulas oye una voz que dice: -Señor, cómpreme. Sé hablar español, francés, inglés y alemán. El hombre, sin perder un segundo, compra el perro. Una vez pagado, le dice al vendedor: -Tal vez lo ignora, pero acaba de venderme un perro que no tiene precio. -¿Por qué? ¿Porque le ha dicho que habla cuatro idiomas? -Pues sí. ¿Le parece poco? -No se crea ni una sola palabra. Solo habla castellano, y con mucho acento catalán.
Un jeque árabe muy rico se enamora locamente de la hija de un avaro y le dice al padre: -Si me concede la mano de su hija, le doy su peso en oro. -Está bien. Pero deme tres meses de tiempo. -¿Para convencerla? -Para engordarla.