Un señor decide ir a un especialista en ojos. El señor llega, pasa y comienza la revisión. El médico le dice: -Quiero que mire ese cartel y me diga que letra es. El señor le dice: -Es la a. El médico le dice: -Mire bien, y le vuelve a preguntar. El señor le dice: -Es la a. Por favor, le dice el médico, le dije que se fijara bien. El señor le dice: -Doctor, ya le dije dos veces que es la letra a. El médico se acerca al cartel y dice: -¡Cucha!, verdad, sí era la a.
Los días de amor del viejo toro han terminado, desgraciadamente para él. Pero el buen granjero le permite quedarse en el prado con las vacas, a las cuales ya no puede servir. Se compra un toro más joven. El día de la llegada, viendo a su rival, el viejo toro empieza a cocear y a resoplar. -¡Estáte quieto! -le ordena el granjero-. ¡Eres ya demasiado viejo para esta clase de cosas! -Quizá -contesta el toro-, ¡pero, al menos, así podré demostrarle a ese jovencito que no soy una vaca!
Helen se queja ante su médico de que se ha casado con un hombre demasiado viejo, por lo que su matrimonio aún no se ha consumido. El doctor decide proporcionarle algunas píldoras estimulantes de la virilidad. Y ella se marcha, prometiendo tener al médico informado de los resultados del tratamiento. Una semana más tarde, vuelve al consultorio, y reconoce: -Doctor, esas píldoras son portentosas: cuatro días seguidos, mañana y tarde! -Realmente es una considerable mejoría -admite el galeno. Y ella remacha: -¡Ya lo creo que sí! ¡Fíjese, doctor, que ayer inclusofueron 3, justo antes de morirse.
Juez: Queda condenada a una multa de 100 euros por prostitución. Ramera: Su señoría, ¿no puede concederme un par de horas para reunir esa suma?
Llega un hombre a la consulta del doctor y le pregunta: -Y bien doctor, ¿cómo me encuentra? El doctor lo examina y le dice: -Tiene el hígado destrozado, sus pulmones no sirven, artritis hasta el tuétano y de paso taquicardia. El hombre al escuchar todo eso sale muy triste del consultorio, y en eso va pasando una carroza fúnebre y el hombre le hace señas y le grita: -¡Taxi!
Un señor mayor que llama al doctor a las tantas de la mañana y le pide que venga a mirarlo. Llega el doctor a su casa y se pone a examinarlo al detalle, y mientras lo hace se le va poniendo mala cara. Entonces al fin habla. -Si hace el favor, llame ahora a los hijos, al abogado y a poder ser también al notario. El señor todo preocupado le pregunta: -¿Estoy muy mal no, doctor? ¿Ya viene mi hora? El doctor contesta: -¡Que bah! ¡Lo que ocurre es que yo paso de ser el único idiota al que molestan las tantas de la mañana!
Una tía maciza en un autobús más completo se queja de un joven que viene molestando todo el tiempo. -¡Oiga! ¿Es necesario que usted se ponga pegado a mí? ¡Degenerado! -Perdone, señorita... ¡Le aseguro que no es culpa mía! Acabo de cobrar el sueldo de la semana, y me lo han dado todo en monedas... -No sea impertinente... ¿O me quiere decir que entre Cibeles y la Plaza de España le han aumentado el sueldo?
El borracho pregunta a un paseante dónde puede encontrar una casa de citas. Apunta la dirección; pero se equivoca y entra en un apartamento, donde una señora está lavando. El borracho la echa en el suelo, y empieza a hacer el amor. El marido, que se encuentra en la habitación de al lado, escucha el barullo y va corriendo a la cocina, coge al borracho por la camisa y le saca por la puerta de mala manera. El pobrecillo borracho le mira desde la acera, caído en el suelo, y le dice: -¡Amigo, le aseguro que tiene usted mucho que aprender sobre la forma de dirigir una casa de esas!
El viajante de comercio está a punto de marcharse una vez más. -¡Qué vida esta, querida: siempre de aquí para allá, y cada noche en una cama diferente! Y la mujer se le une pesarosa: -¡A quién se los vas a decir, cariño, a quién se lo vas a decir... !
Abuelita: Mira, George... ¡Mira al cielo! ¡Fíjate, esa cigüeña va en busca de un bebé a París! George (6 años): -Venga ya, abuelita, ¡que bien loquito le tienes al abuelito diciéndole todas las noches "anímate ahora que ya no podemos tener bebés"!
Dos amigos se dirigen a sus casas completamente borrachos. -Juan, te tengo que confesar algo: desde hace algunos años soy el amante de su señora. ¿Me perdonas, amigo? -Eso demuestra lo mentirosas que son las mujeres -contesta Juan. -¿Cómo...? No te entiendo... -Sí... ¡hip, hip! Mi querida señora siempre me ha querido despertar los celos diciendo que tiene un galán bien parecido y elegante... ¡Hip, hip! ¿Y no me irás a decir que tú eres guapo y elegante...? ¡Hip, hip!
Llega un gran camión con remolque a la aduana. Los aduaneros han recibido órdenes muy estrictas para que controlen todo. -¿Qué lleva en el camión? -pregunta el oficial aduanero. -Ostras -responde el conductor. -¿Cuántas? -Treinta mil docenas. -¡Ábralas!
Hubo un motín en el trasantlántico y el comandante ordenó a los turistas: -¡Y como castigo, todos los hombre se pondrán a la izquierda, que vamos a desvirgarlos; y todas las mujeres a la derecha, que les daremos una paliza! Entonces uno de los viajeros exclamó: -Comandante, me parece que se equivocó, ¿no será al revés? -¡No se atreva a llevar la contraria a un superior, amigo! -gritó uno de los turista, dando un paso para irse a la izquierda
La profesora de deporte dice a un alumno: -Estás pálido y debilucho, deberías hacer un poco de ejercicio. -Si lo hago diariamente. -¿Ah sí? -Sí, parto la leña por las tardes. -¿Cómo que partes leña? -Bueno, en realidad son unos cuantos palillos después de comer.
-¡Qué pesadilla he tenido esta noche! Soñé que ganaba un millón de euros. ¡Qué horror! -¿Por qué? -Porque desperté justo a la hora en que me iban a pagar.
-Oye papá. ¿Es verdad que los humanos tenemos casi el sesenta por ciento de agua en el cuerpo? -Así es. -Pues entonces llama a mamá, porque el bebé se le ha salido todo el agua y ha empapado la cuna.
En un examen: ¿Cuáles son las tres palabras más usadas por los estudiantes? -No lo sé. -Muy bien contestado. Aprobado.
Dos amigas, le dice una a otra: -¿Qué tal el examen? -Muy bien, pero me tocó un profe muy creyente... -¿Creyente? -Sí, a cada respuesta mía elevaba los brazos al techo y decía: ¡Dios mío!
Mi primo tiene dos orejas. -Todo el mundo tiene dos orejas. -¡Es que las dos están en el mismo lado!
-Te traigo dos noticias, una buena y otra mala: -A ver dímelas. -La buena es que la maestra está con gripe. -¿Y la mala? -Que nos ha contagiado a todos.