-Sí bwana reverendo. Ahora comprendo que era gran pecado para mí tener cinco mujeres. Pero tú seguro contento de saber que me he comido las cuatro que sobraban...
Dos pastores protestantes se encuentran en un restaurante. uno muy preocupado tiene la leve impresión de que su esposa le engaña con un loro, porque ha encontrado una gran pluma en el dormitorio. -¡No digas! Entonces mi mujer me engaña con un auto... -¿Por qué? -¡El otro día encontré un chófer en el armario de nuestro dormitorio!
Un fulano bien vestido entra en la sacristía, pregunta por el párroco, y empieza a hablar de la miseria que reina en el barrio: -Está luego la pobre viuda Menegazzi, con cuatro niños hambrientos y ella enferma en la cama, sin dinero para el médico; además debe tres mesas de alquiler, por lo que está a punto de ser desahuciada. Estoy tratando de reunir esa suma, y me preguntaba si usted me podría ayudar... -¡Claro que lo voy a hacer! -contesta el cura párroco-. Si usted se preocupa tanto por esa pobrecita, también puedo hacerlo yo... Pero, decidme, ¿quién es usted? -¡Soy su casero!
Una joven entra en la iglesia con pantalones y la teta izquierda descubierta. Le cierra el paso el cura párroco, diciéndola: -¡Hija mía, así no puedes entrar en el templo de Dios! -Pero, Padre, yo tengo el derecho divino... -Sí hija -dice el cura, mientras no le quita ojo-, especialmente lo tienes en el seno izquierdo. ¡Pero así no puedes entrar.
Dos curas se lamentan. -¡Vaya crisis! ¡No hay casamientos ni entierros! -¡Es verdad! Si no fuese por los dormitorios que tú y yo visitamos, ¡seguro que ni bautismos tendríamos ...!
Un joven y un pastor protestante se conocen en el vagón de un tren. horas más tarde, el jovencito ha rechazado todos los ofrecimientos del pastor sobre una revista, una bebida, un cigarrillo, etc. Responde invariablemente: -¡No, gracias! No leo... No bebo... No fumo... -Joven, admito sus principios. Me gustaría presentarle a mi mujer y a mi hija, que están en el vagón de aquí al lado. Y el jovencito sigue impasible: -¡No, gracias: soy vegetariano!
Un cura en misa: -...Y Dios creó al hombre a su imagen y semejanza. En ese momento se levanta un jorobado y le dice: -Y conmigo, ¿qué? ¿Es que hizo un experimento?
Una procesión en Roma. El cura marcha delante exclamando: -¡Cuerpo de Cristo... Cuerpo de Cristo... Y al pasar por una esquina, ve a Sofía Loren presenciando la procesión. El cura sigue diciendo: -¡Cristo, que cuerpo... Cristo, qué cuerpo...!
Un médico conversa con un viejo compañero de estudios, ahora cura, al que también está tratando en el hospital: -¡Cómo me gustaría poder evitar ir al Infierno! -Rezaré por ti. Pero, por favor, ¡por el momento evita tú que yo vaya al Cielo!
En un pueblo el cura novato va por la noche al bar más moderno para tomar una jarra de cerveza y charlar con sus feligreses. La conversación es muy agradable. Hasta que el cura tiene necesidad de ir al retrete. Cuando vuelve, se da cuenta de que todos se están riendo a carcajadas. Pero él no comprende la razón de las risas. Cuando todos se han ido, el cura pregunta al dueño del bar. -Mire, Padre. ¿A que usted vio una mujer desnuda pintada en la pared del retrete? -Claro, no soy ciego. ¿Y eso qué significa? -Y esa mujer tiene abajo una hoja de parra... -Bien, ¿y qué? -Sabe, Padre, si alguien levanta esa hoja de parra, aquí suena un timbre fuertísimo...
Un feligrés en la iglesia: -Padre, ¿es cierto que aparta usted a las mujeres del mal camino? -Sí, hijo mío, sí. -Pues apárteme dos para esta misma noche.
La señora vuelve de la iglesia y le cuenta a su marido: -Querido, he ido a confesarme. Le he dicho al Padre que en Semana Santa procuro que no entre en mi cuerpo ni un sólo pedazo de carne... -¿Cómo? ¡Te ruego que me respetes y que hables al señor cura de una forma correcta! ¡Debe usar otras palabras para expresarte!
-Buenos días, Padre. ¿Cómo está hoy? -¡Muy mal, sacristán! ¡Acabo de enterarme que su esposa nos engaña!
En un pueblecito un hombre va a confesarse: -Padre, he pecado con una mujer casada. -¡Terrible! ¿Quién es? -No, Padre, no se lo diré. No quiero que se sepa de quién se trata. -¿Acaso la mujer del zapatero? -No, padre. -¿Quizá la mujer del sacristán? -No, Padre. -Ya sé: ¡la mujer del farmacéutico! -No, Padre. ¡Ya le he dicho que no quiero que se sepa de quién se trata! -Entonces, si no me lo dices, tendré que negarte la absolución... El hombre sale de la iglesia y se encuentra con un amigo. -¿Cómo te ha ido? -No me ha dado la absolución el cura; ¡pero dispongo de tres direcciones fenomenales!
En la escuela un sacerdote pregunta a un chico: -¿Sabes cuánto tiempo estuvieron Adán y Eva en el Paraíso? -Sí, señor cura: hasta el 15 de septiembre. ¡Porque antes las manzanas no están maduras!
En el confesionario: -Padre, he cometido el pecado de la carne. -Es grave, hijo mío. ¿Cuántas veces? -¡Padre, yo he venido a confesarme, y no a fanfarronear!
María se va a confesar: -¡Padre, padre ...! ¡Qué horrible! ¡Qué vergüenza! -¿Qué pasa, hija mía? -Juan... ayer por la noche... ¡Me violó! -¿Contra tu voluntad, hija mía? -No, ¡contra la pared ...!
El conductor de un camión entra en un bar a la salida del pueblo. -Disculpen, ¿pueden decirme si por esta zona hay vacas negras? -No las hay. -¿Y cabras negras? -No las hay. -¿Acaso un caballo negro? -Tampoco lo hay. -Pues vaya... ¡Entonces creo que acabo de atropellar a un cura!
La próxima pecadora es Josefa. -Padre, ayúdeme. El domingo fui al cine con Pedro y, más tarde, fuimos a dar una vuelta por el bosque... -¿Y? -Primero me cogió de la mano, luego me abrazó, después me besó por toda la cara... Me obligó a acostarme... Sólo para descansar un rato, me dijo. Empezó a desnudarme, y aunque yo luchaba... -¡Ya sé, ni una palabra más...! Te introdujo el órgano, ¿verdad? -Sabe, Padre, yo de música no sé mucho... ¡pero creo que aquello era una flauta!
Jesucristo vuelve a la Tierra y nadie cree en su identidad. -¡Sólo si realizas tres milagros te creemos! ¡Resucita un muerto! Extendiendo la diestra, un muerto se alza. -¡Convierte el agua en vino! Y lo hace. -Camina sobre las aguas. Comienza a caminar sobre las aguas del río, y... ¡glu, glu...! Medio sofocado, Jesucristo sale del río, y se lamenta: -¡Me había olvidado que tengo los pies agujereados!