Era un señor que tenía problemas al ir al baño. Cuando iba a mear le dolía así que fue al urólogo quien lo examinó y le dice: -Usted tiene una enfermedad de transmisión sexual. -Anda ya doctor, si yo siempre tomo muchas precauciones. -No me engaño. ¿Qué precauciones suele tomar usted? -Siempre doy nombre y dirección falsos.
Al doctor Tilla lo despiertan a las tantas de la madrugada: -¿Sí? -Doctor, doctor... Venga enseguida, que mi hijo acaba de tragarse una rata. -¿A estas horas? Pues dígale a su hijo que ahora se trague un gato.
En la consulta del oculista, dice un paciente: -¿Usted cree que soy corto de vista, doctor? -Doctora.
En el hospital, se oye por megafonía: -Doctor Tilla, doctor Tilla, suba a la primera planta. Y un momento después se oye: -Doctor Tilla, doctor Tilla, haga el favor de bajarse del cactus.
El doctor Tilla va a visitar a un paciente a su casa y, como no le abre la puerta, le pregunta al portero: -Perdone, ¿sabe si el señor Gerardo ha salido? -Sí, ha ido a un entierro. -Gracias. Y... ¿sabe si tardará mucho? -Hombre, creo que sí. Más que nada, porque era el muerto.
Le dice un paciente al doctor Tilla: -Doctor, ronco tan fuerte que me despierto. -Pues vaya a dormir a otra habitación.
Una señora salva la vida en una operación y le dice al doctor Tilla: -Doctor, no sé cómo demostrarle mi agradecimiento. -Con un cheque, señora.
Le dice un paciente al doctor Tilla: -Doctor, doctor, todo el mundo me ignora. -El siguiente...
Le cuenta un paciente al doctor Tilla: -Doctor, sufro de insomnio. Esta noche he tenido que contar 897 patatas. -¿Patatas? ¿Por qué no cuenta ovejas como todo el mundo? -Es que soy vegetariano.
Un padre entra en la consulta del doctor Tilla y pregunta muy nervioso: -Doctor, doctor, ¿cómo está mi hijo? Es que se tragó una moneda de dos euros. -Sigue sin dar cambio.
Después de mucho tiempo sin verse, una mujer muy despistada le pregunta a su sobrino: -¿Qué has hecho en todo este tiempo? -He estado en la Facultad de Medicina cinco años. -Cuánto lo siento. ¿Ya estás mejor?
A un paciente muy enfermo lo llevan al hospital y el doctor Tilla le dice: -Usted está muy mal. Hay que operar. Y la operación es muy complicada, de cada diez pacientes se salva uno. -¡No me asuste doctor! -Tranquilo, hoy ya se han muerto nueve.
Un hombre entra en una farmacia y le dice al dependiente Vicente: -¿Me da unas pastillas para la gripe? -Le voy a dar las mejores que tengo: las pastillas del doctor House. -Uy, esas no las quiero. -Porque el doctor House soy yo.
-¿Sabes por qué los gallegos se niegan a comer manzanas? -No, ¿por qué? -Porque no quieren contraer el Sidra.
Era un gallego que entra al consultorio de médico agarrándose la barriga. -¡Ay doctor, doctor! Me duele mucho la barriga. Desde anoche, que comí mejillones, no para de dolerme el estómago. -La comida de mar suele causar estos inconvenientes. Dígame, ¿los mejillones se veían en malas condiciones, olían mal cuando los abrió? -¿Usted abre los mejillones para comerlos?
El doctor advierte a su paciente: -No tiene nada grave, lo que probablemente sucede es que lleva una vida demasiado sedentaria. Salga a la calle y dé largos paseos todos los días. A propósito, ¿qué oficio es el suyo?
Un curandero encuentra a un viejo amigo y le pregunta acerca de la salud de su familia. -Mi hermano se encuentra muy enfermo -contesta el amigo. -¡Tu hermano no está enfermo -le contradice el curandero-. ¡Él cree estar enfermo! ¡Recuérdalo, lo cree solamente! Un mes más tarde, los dos amigos se encuentran de nuevo, y el curandero pregunta sobre el hermano del amigo. -Está mucho peor. ¡Ahora cree estar muerto!
El viejo médico de provincia, cuyo hijo se ha doctorado en medicina, le confía toda su clientela y parte para unas largas vacaciones. Cuando regresa, pregunta al hijo si ha pasado algo insólito mientras ha estado fuera. -Sí, papá -dice orgullosamente el hijo-. ¡He curado por fin, a la señora Pachote de aquella pesada indigestión que la molestaba desde hacía treinta años! -¡Imbécil! -le grita su padre-. ¿No sabes que ha sido precisamente esa indigestión la que te ha pagado los gastos de la universidad?
Un campesino en el consultorio de un médico se siente sorprendido al oír que debe entrar en la sala contigua y desnudarse. -Pero a mí sólo me duele la garganta -protesta. Y la enfermera: -Es una norma del doctor. Cortadísimo, el hombre entra en la habitación, donde ya hay otro completamente desnudo. -¿No es ridículo -le pregunta- pensar que he venido aquí sólo para que me miren la garganta? -¿Y de qué diablos se lamenta? -exclamó el otro-. Yo únicamente he venido a leer el contador del gas...
Un señor que ya había cumplido los 70 años, y no quería morirse. Fue al médico para que la mandara algún fármaco que le quitara años de encima. Entonces el médico le mandó un jarabe, del que cada cucharadita que tomase le quitaba 10 años. Efectivamente, se tomó una cucharadita y se quedó con 60 años. Como no quería morirse, se dijo: -Me voy a tomar otra cucharadita, pero un poco más grande. Se la tomó y se quedó con 40. Insitió: -Todavía son muchos, me voya tomar otra cucharadita. Y se quedó con 20. -Bueno, pero ahora tengo que hacer la mili, así que voy a tomar otra cucharadita. La tomó y se quedó con 6 meses, le dio el sarampión y se murió.