Mamá, me corté un dedo

-Mamá, mamá, me corté un dedo -Pues chúpalo hijito. -Sí, nada más... déjame encontrarlo.

Pepito y el tiempo del preservativo

-¿A ver Pepito, que tiempo es: eso no debería haber pasado? -Preservativo imperfecto.

Una rata tragada a medianoche

Al doctor Tilla lo despiertan a las tantas de la madrugada: -¿Sí? -Doctor, doctor... Venga enseguida, que mi hijo acaba de tragarse una rata. -¿A estas horas? Pues dígale a su hijo que ahora se trague un gato.

Las uvas del plato de David

A David le dice su madre: -Oye, David, ¿quién se ha comido las uvas de este plato? -Se las he dado a un chico que tenía hambre. -Muy bien, hijo mío. Tienes un corazón muy generoso. ¿Y quién era ese chico? -Era yo, mamá.

El Sol o la Luna en el cielo

El borracho Eustaquio está mirando al cielo con un amigo, y los dos discuten: -Eso redondeo es el Sol. -Que no, que es la Luna, que ha salido antes. -¡¡Que es el Sol!! -Pues mira, buscaremos a alguien que nos ayude. -En eso que llega otro borracho y le preguntan: -Perdone, señor, mi amigo y o tenemos una duda; quizá usted pueda ayudarnos. ¿Eso del cielo es el Sol o es la Luna? Y el otro contesta: -No lo sé, es que no soy de este barrio.

El gato que mató al dóberman

Un hombre le dice a otro: -Oiga, que mi gato ha matado a su perro. -Pero ¿cómo es posible? si mi perro es un dóberman. -Ya, pero mi gato es hidráulico.

David y lo aprendido en el colegio

Cuando David llega a su casa su madre le pregunta: -¿Qué tal, David? ¿Has aprendido mucho en el colegio? -No creo, porque tengo que volver mañana.

El vegetariano que contaba patatas

Le cuenta un paciente al doctor Tilla: -Doctor, sufro de insomnio. Esta noche he tenido que contar 897 patatas. -¿Patatas? ¿Por qué no cuenta ovejas como todo el mundo? -Es que soy vegetariano.

El imitador en la celda

Dos hombres hablan en una celda de la prisión: -Oye, ¿tú por qué estás aquí? -Yo... por ser imitador. -¿En un teatro? -No, en mi casa. -¿Y qué imitabas? -Billetes de cien euros

El borracho y el sargento

Era una vez un borracho se tropezó con un sargento y le dice el borracho: -Disculpe mi coronel. Y le dice el sargento: -¿Cómo que coronel, no ve las estrellas? Va el borracho y dice : -Entonces disculpe mi cielo.

El crucifijo de la marca INRI

Era un tío algo cortito de mente que va a una tienda para comprar un crucifijo que le recomendó una monja. El dependiente le ofrece varios modelos y el tío cortito le dice: Bonitos si que son, pero ¿no tiene alguno de la marca INRI?

La niña y la barriga de mamá

Una niña le pregunta a su mamá embarazada: -Mamá, ¿qué tienes en la barriga? -Agua, hija mía -Pues saca al niño, que se debe estar ahogando.

El loco que no usaba papel higiénico en el manicomio

Había en el manicomio un loco tan pasota pero tan pasota que no usaba papel higiénico para limpiarse porque decía que era un rollo.

Los gallegos esperan a Well en el avión

Un avión lleno de gallegos llega a Estados Unidos y cuando van a salir del avión se quedan todos parados en la puerta. La azafata extrañada le pregunta al primer gallego de todos que si van a bajar o no y el gallego le responde: -Hemos decidido que hasta que no se vaya Well, de este avión no baja nadie. -¿Quién es Well? -pregunta la azafata. -El que pone su nombre en ese cartel. -¿Qué cartel? -Ese de allí que dice: Well-come gallegos.

Sabiduría del Kung-fu: pelear sucio

Sabiduría del Kung-fu: -Si no puedes pelear con honor, pelea con cualquier otro. -Lo importante no es ganar, sino partir cabezas. -Si te gusta pelear sucio, no te duches antes de la pelea.

El niño conoce al bebé vecino

Un niño de cinco añitos fue a conocer al bebé recién nacido de su vecino y después de observar la carita arrugada y rojiza del bebé, por un largo tiempo, dice con tono de seriedad: -Ahora comprendo por qué su mamá lo llevaba escondido debajo de la ropa.

Los hermanos y los huevos en la cabeza

Había dos hermanos, uno de 5 añitos y otro de diez años, que estaban jugando: -Te doy 5 € si dejas que te rompa tres huevos en la cabeza -le dice el hermano mayor a su hermanito. -¿Me lo prometes? -preguntó el hermano dudoso. -¡Te lo prometo! -respondió el hermano mayor. Muerto de risa, el hermano mayor, rompió los dos primeros huevos en la cabeza de de su hermanito. Mientras el hermanito permanecía quieto por un corto tiempo, para que el líquido del huevo no le ensuciara la ropita, le pregunta a su hermano mayor: -¿Qué pasa con el tercer huevo? Y el hermano mayor le responde: -Ni que fuera tonto, ese me cuesta 5 €.

El número equivocado del zurdo

RIIING!!! RIIING!!! -¿Es el 901 231 231? -No, es el 123 123 109 -Perdone, es que soy zurdo

El vendedor telefónico y el niño

Llama un vendedor por teléfono a un supuesto cliente y contesta un niño de 4 añitos: -¿Está tu papá o tu mamá? -preguntó el vendedor. El niño le contestó que no se encontraban en casa. -Entonces, ¿hay alguien más en casa? -Sí, mi hermana. -¿Le puedes decir que se ponga al teléfono? -le dijo el vendedor. Hubo un silencio durante un largo tiempo. Al fin el vendedor volvió a escuchar la voz del niño: -No puedo sacarla de la cuna

El hijo junto al tubo de oxígeno

El viejo está muy enfermo. Le han colocado una bomba de oxígeno, y su hijo se halla sentado a a su lado. Lentamente, e padre agonizante habla a su hijo de toda la riqueza que le va a dejar. Le indica dónde tiene los documentos de sus propiedades, los certificados, las acciones de Bolsa, las pólizas de seguro, etc. -¡Papá, papá! -murmura el hijo, conmovido, con lágrimas que le corren por las mejillas-. No sé cómo decirte lo agradecido que te estoy. Quisiera sólo ser digno de ti... Dime, ¿hay algo que yo pueda hacer por ti...? -Sí, hijo mío... -fue la respuesta casi sin voz del viejo-. ¿Puedes... dejar de pisar... el tubo de oxígeno?