En el velatorio, un amigo del difunto se acerca a la viuda rubia y le dice: -Lo siento señora. -No gracias, déjelo acostadito nada más.
Eduardo, Manolo y Felipe se treparon en una bandera que hay sobre edificio. Eduardo dice: Por mi patria y por mi bandera yo me tiro desde la punta de esta bandera. Y cayó en el suelo muerto. Luego viene Manolo y dice: -Por mi patria y mi bandera yo me tiro desde la punta de esta bandera. Y también cayó muerto. Ahora viene Felipe y dice: -Por mi patria y mi bandera, yo me voy por las escaleras.
Un día entra una persona y le dice a su amigo: -Estoy preocupado. -¿Por qué? -Mi mujer me juró que no me volvería a hablar durante 30 días. -Pero eso no es tan grave. -Claro, que sí, es que hoy termina el plazo.
-Mamá, mamá, ¿por qué metes el pijama debajo de la almohada? -Pues hijo, para que no se arrugue. -¿Y por qué no metes también a la abuela?
Un padre enfadado lee las notas de su hijo: -Matemáticas, cero; Geografía cero; Lengua, cero... ¡Hombre, por lo menos, aquí hay un diez! -Sí, papá, son las ausencias injustificadas.
Dos tontos van por la calle y uno le pregunta a otro: -Oye, ¿y por qué ponen los semáforos tan arriba? -Pues para que no se los salte nadie.
La señorita Pepita pregunta a los niños de la clase: -Juanito, ¿de quién tienes más miedo? -Del hombre del saco, profe. -Pero, Juanito, el hombre del saco no existe, es una leyenda. No debes tener miedo. Y tú, Martina, ¿de quién tienes mas miedo? -Del malamén, profe. Toda la clase se queda en silencio, hasta que la señorita Pepita pregunta: -¿El malamén? ¿Quién es? -No lo sé profe. Pero debe ser muy malo, porque cada noche, cuando rezamos, mi madre dice: No nos dejes caer en la tentación... y líbranos del malamén.
La mujer de un tacaño le pregunta a su marido: -Oye, mañana es el cumpleaños de nuestro hijo. ¿Qué le regalaremos? -¿Te acuerdas del globo que le regalamos el año pasado? -Sí. -Pues este año se lo inflaremos.
En la mili, pregunta el sargento a un soldado: -¿Cuánto es tres por cuatro? -Doce. -Muy bien. Por haberlo sabido, te doy doce días de permiso. -Qué lástima. Si lo llego a saber, digo veinte.
Le pregunta el loco Adelino a otro loco: -Si se te apareciera un hada con una varita mágica, ¿qué le pedirías? -La varita.
Moncho, el marido gruñón, le dice a su mujer, Remedios: -Nena, es increíble que no hayamos estado nunca de acuerdo en nada, desde que nos casamos hace cuarenta y tres años. -Cuarenta y cuatro, querido.
Un matrimonio se está peleando y la mujer le pide el divorcio al marido: -Yo me quedo con la casa y con el niño. -¿Y eso por qué? -pregunta el marido. -Pues porque es mío, lo llevé en mi vientre. -¡Pero si tampoco es tuyo! -contesta el marido. -Ah, ¿no? ¿Y quién lo parió? -No sé... ¿Recuerdas el día que nació, estando en la maternidad, que se ensució y me dijiste que lo cambiara? -Sí... -Pues eso hice... ¡Lo cambié!
El loco Adelino le dice a un colega: -Tío, ¡soy un genio! ¡He acabado este puzzle en dos días! -¿Y qué tiene eso de especial? -Pues que en la caja ponía: de dos a tres años.
Le dice un paciente al doctor Tilla: -Doctor, ronco tan fuerte que me despierto. -Pues vaya a dormir a otra habitación.
En el Paraíso, Eva está contemplando con mucha atención las hojas de un árbol y Adán le pregunta: -¿Qué haces? -Nada, mirando los nuevos modelos de verano.
Un loco va conduciendo por la autopista en dirección contraria y oye por la radio: -La Guardia Civil alerta de que hay un coche que va en dirección contraria. Y el loco dice: -¿Uno? ¡Si van todos!
Le pregunta Ana a su hijo: -A ver, hijo, ¿qué es un egoísta? -Un egoísta es alguien que nunca piensa en mi.
El borracho Eustaquio está en el bar con un amigo, bebiendo sin parar. Entonces, entra un caballo en el establecimiento, se suben por la pared, anda por el techo, se baja por la otra pared, llega a la barra y pide una cerveza; se la bebe y después sale al trote del bar. Eustaquio le pregunta a su amigo: -¿Has visto eso? -Sí, sí... ¡Se ha ido sin pagar!
Un huevo se está friendo en una sartén cuando a su lado cae otro huevo, que dice: -¡Caramba! ¡Cómo quema esta sartén! Y el primer huevo, exclama: -¡Socorro! ¡Un huevo que habla!
Un niño le dice a David: -A los ocho años, me di cuenta de que no me llamaba Cállate.