La piel arrugada de los elefantes

¿Sabes por qué los elefantes tienen la piel tan arrugada? Hombre, porque llevaría mucho tiempo planchársela. ¿Sabes qué animal hace UUUM? Una vaca andando hacia atrás.

La fidelidad del perro perdido

-Te aseguro que mi perro es todo un ejemplo de fidelidad. Imagínete: el otro día lo perdí, y él me encontró desde trescientos kilómetros de distancia valiéndose únicamente de su olfato. ¿Qué te parece? -¡Pues que necesitas con urgencia una buena ducha!

La niña nueva y el profe de lengua

Una niña le explica a otra que es nueva en el colegio: -¿Sabes? El profe de lengua, cuando aún no lo conoces mucho, resulta un poco antipático... -Ah, vale, ¿y cuando ya lo conoces bien? -Entonces te resulta insoportable.

El picnic de las hormigas y el abrebotellas

Un grupo de hormiguitas se van de picnic. Caminan mucho al campo y allí extienden los manteles de cuadros y preparan todo. Una se da cuenta que se olvidaron el abrebotellas y va a por él, mientras las demás deciden esperarla para comer. 3 semanas después dice una: -A estas alturas debería haber llegado. 6 semanas después dicen: -Ya debería haber llegado. Otra semana después, muy hambrientas, deciden dar un mordisquito a algunas migas de pan. Desde los matorrales se oye a la hormiga: -¡Ajá! Sabía que me la ibais a pegar... Pues ahora no pienso ir, ¡hala!

El cliente alemán y la mosca

Dice un cliente alemán al camarero: -Camarrrerrro, hay un mosca en mi sopa. -No es un mosca, es una mosca. -¡Carrray, que vista tenerrr usted!

Soy bidente, no vidente

-¿Sabías que soy bidente? -¿Ah sí? ¿Puedes leer el futuro? -No, eso lo hacen los videntes, yo solo tengo dos dientes...

Pepito repite la conjugación del verbo ayunar

El profesor le dice a Pepito: -Presente: Yo ayuno, tú ayunas, él ayuna, nosotros ayunamos, vosotros ayunáis, ellos ayunan. Y ahora repite lo que acabo de decir. Dice Pepito: -¡Que aquí no come ni Dios!

El hermano no se ha sido movido

La profesora pregunta: -Ana, ¿es correcto decir Mi hermano se ha sido caído? -No -responde Ana. -Muy bien, Ana, ¿Por qué? -Porque mi hermano no se ha sido movido de la silla.

Los armarios llenos de tortillas

Un hombre le explica a su amigo: -¿Sabes qué? Mi familia me quiere encerrar en el manicomio. -¿Ah sí, por qué? -Porque me gustan mucho las tortillas de patatas. -Hombre, qué exagerados. ¡Si a mí también me gustan mucho! -¡Qué bien! ¡Pues ven a mi casa, que tengo tres armarios llenos!

El abuelo con la pierna escayolada

El abuelo de Luis se rompe una pierna y lo llevan al hospital. El médico se la escayola y le dice: -Ya puede irse a casa. Vuelva dentro de un mes, y, recuerde: ¡nada de escaleras! Al cabo de un mes el abuelo vuelve al hospital la mar de sonriente y le pregunta al médico: -¿Qué, ya me pueden quitar el yeso? -Sí, por supuesto..., pero ¿por qué está tan contento? -¡Porque ya empezaba a estar harto de tener que encararme al árbol del jardín para entrar en mi habitación por la ventana.

El albañil se cae del andamio

Un albañil se cae de un andamio. A su alrededor se forma un círculo de curiosos. Llega un guardia y pregunta: -¿Qué ha pasado aquí? El albañil se levanta medio aturdido, se sacude la ropa y dice: -¡Ah, yo no lo sé, acabo de llegar!

El acertijo de la cesta

Dos tontos se encuentran por la calle y uno le pregunta al otro: -¿Qué llevas en esa cesta? -Si lo adivinas, te doy un racimo. ¡Croquetas!

Pepito y los terrones de azúcar

-Mamá, ¿me pones otro terrón de azúcar en la leche? -¡Pepito, pero si ya te he puesto tres! -¡Sí, pero es que se deshacen!

La familia avara pide descuentos en el cine

Una familia muy avara va al cine. El padre le dice a la taquillera: -Disculpe, ¿podría hacerme un descuento de grupo? -No -dice la taquillera. -Y si salimos a mitad de la película, ¿podemos pagar media entrada? -No... -Y is miramos la película con un solo ojo, ¿nos hará una rebaja? -¡No! -¡Tacaña!

El pastor que se duerme contando ovejas

Un pastor le pregunta a otro: ¿Tú cuántas ovejas tienes? -Uf, muchísimas. -Sí, pero ¿cuántas? -Pues la verdad es que no lo sé. -Es que cuando empiezo a contarlas siempre me acabo durmiendo.

El niño que parecía una niña mona

-¡Que niña más mona! -Es un niño. -¡Pues que niño más simio!

La pasajera impaciente en el taxi

En plena hora punta de tráfico, un taxi avanza a paso de tortuga. -¡Esto no hay quien lo aguante! -protesta la pasajera-. ¿No podría ir un poco más deprisa? -Yo sí, señora, pero entonces tendrá que conducir usted el taxi.

El afinador que nadie había llamado

-Buenos días, venía a afinarle el piano. -Pero ¡si yo no he llamado a ningún afinador! -Usted no, pero sus vecinos sí.

El champú para el pelo sucio

Un señor entra en la perfumería y le pregunta a la dependienta: -Señorita, ¿me da un champú? -¡Claro! ¿Lo quiere para cabello graso, seco, fino, débil...? -No, yo lo quiero para el pelo sucio.

Rinocerontes rojos entre las fresas

-Los rinocerontes se ponen rojos para camuflarse entre las fresas. -¿En serio? -¿Tú has visto alguna vez un rinoceronte entre las fresas? -¡No, nunca! -¡Ahí lo tienes: porque se camuflan genial!