Una tortuguita está trepando a un árbol con gran esfuerzo. Tras varias horas de extenuante ascensión, cuando llega a la copa, se lanza al vacío y se da un tremendo golpe contra el suelo. Al rato, la tortuguita vuelve a escalar el árbol lentamente. Trepando como puede, llega de nuevo casi a la punta de una rama, se lanza y se vuelve a dar otro costalazo. Nuevamente, testaruda, hace otro tremendo esfuerzo y al cabo de un buen rato y a muchos jadeos, llega a otro extermo del árbol, se arroja de nuevo al vacío agitando las patitas y vuelve a darse un terrible batacazo. En el mismo árbol, en el extremo de otra rama, una paloma le comenta con tristeza a su esposo: -Querido, ¿no crees que ya va siendo ora de que le digamos a la tortuguita que es adoptada?
Están dos amigos en un zoo y, de repente, cuando pasan por delante de la jaula de los leones, un león enorme se les acerca y lanza un rugido atronador. Uno de los dos amigos exclama, muerto de miedo: -¡Vámonos, deprisa! Y es otro le responde: -¡Vete tú, que yo me quiero quedar a ver la peli...!
Durante una vista, un juez reconoce a un ladrón. -¡Tú otra vez aquí! ¡Espero que ésta sea la última! -Señor juez, ¿es necesario piensa jubilarse pronto?
Tres amigos que no han viajado nunca en avión están en el aeropuerto esperando a embarcar para irse de vacaciones. -¿A qué velocidad creéis que irá nuestro avión? -pregunta el primero. -¡Yo creo que a 300 kilómetros por hora! -dice el segundo. -¡Pues yo digo que alcanza los 600 kilómetros por hora! -aventura el tercero. -¡Anda ya! -exclama el más inexperto de los tres-. ¡Ni que fuera volando!
A su regreso de las vacaciones estivales, un beduino se encuentra con un amigo en mitad del árido desierto. -¿Qué tal te han ido las vacaciones? -le pregunta el amigo. -¡Han sido fabulosas! -exclama el beduino con entusiasmo-. ¡No dejó de llover ni un solo instante en quince días!
Un hombre entra en una farmacia. -Buenos días, deme algo que me haga sudar. Al momento, el farmacéutico saca de debajo del mostrador dos bolsas enormes cargadas con la compra, se las da y le dice: -Lleve estas bolsas a la calle del Quinto Pino número 23, quinto piso, sin ascensor: ¡Ah, y no se entretenga por el camino!
En la frontera, un aduanero muy quisquilloso para un camión frigorífico. -¿Qué lleva en el camión? -le pregunta al camionero, -¡Ostras! -le responde éste. -Hummmm... pues quiero inspeccionarlas. ¡Ábralas todas!
Un señor va a la consulta de un psiquiatra, y le dice: -¡Doctor, doctor, doctoooor! ¡Hablo mientras duermo! -¡Bah, no se preocupe, no es grave! -le responde el médico. -Sí que es grave -exclama el paciente-: ¡a mis compañeros de oficina les molesta muchísimo!
Dos amigas se encuentran por la calle, y una le explica a la otra: -Me acaba de visitar mi nuevo doctor. Tú también tendrías que ir a su consulta... ¡Te encantará! -Te agradezco la recomendación -le responde la otra-, pero, afortunadamente, no me hace falta. ¡Me encuentro la mar de bien! -¡Piensa -insiste al primera- que es tan bueno que, si se lo propone, seguro que a ti también te encuentra alguna enfermedad!
Esto era un hombre que tenía una gata, pero estaba harto de que le arañara los pies, así que decidió abandonarla. Se la llevó calle abajo y la dejó en un solar. Pero al cabo de un rato de estar en casa, la gata regresó. Así que le pregunta a un amigo: -Oye ¿a ti se te ocurre cómo podría hacerlo para que la gata no regresara a casa? -El problema es que la dejaste demasiado cerca. Mira, lo que tienes que hacer es seguir la misma calle todo recto hasta el final, llegarás a una montaña, la subes, allí verás un río, síguelo unos metros y cruza el puente, luego ve a la derecha y en la siguiente bifucación a la izquierda, otra vez a la derecha, y encontrarás un pequeño claro en el bosque donde puedes dejar a la gata. Después de una semana, el hombre va a casa de su amigo, todo sucio, cansado y hambriento, y su amigo le pregunta: -¿Qué tal? ¿Te fueron bien mis indicaciones? -Hombre, igual te pasaste un poco... ¡si no es por la gata no encuentro el camino de vuelta!
Esto es un oso hormiguero que va al médico y este le pregunta: -Bueno, pues usted dirá: ¿qué es lo que va mal? -Pues verá, doctor, ¡últimamente siento un hormiguero en la tripita!
Dos cuatreros deciden ir a robar vacas. Uno le dice al otro: -Llevaremos la escopeta, y para poder acercarnos sin que nos vean, nos disfrazaremos de vacas. Se ponen el disfraz y van a robar vas con la escopeta. Al cabo de un rato, de pronto, uno le dice al otro: -¡Hey, dame la escopeta, rápido! -¿Por qué, acaso viene una vaca? -¡No, es un toro, y creo que se ha enamorado de mí!
Una mariquita ha quedado para cenar en un restaurante con un ciempiés. El ciempiés llega tarde, y la mariquita ya está harta de tanto esperar. Al final, el ciempiés llega al restaurante y la mariquita le pregunta, muy enfadada: -Pero ¿se puede saber por qué has tardado tanto? -Perdona, pero es que en la entrada había un cartel que decía: Se ruega limpiarse los zapatos antes de entrar.
-¡Camarero, camarero, hay un escarabajo muerto en mi café con leche! -Sí, señor, ya lo veo... ¡Está claro que este no sabía nadar!
Dos pececillos van nadando por el mar. Uno le pregunta al otro: -¿Tú navegas por Internet? -¡Nunca! -le responde-. ¡Mi madre me ha dicho que me mantenga alejado de la red!
Un hombre llama al médico. -¡Doctor, creo que estoy fatal! ¡Se me ha metido en la cabeza que soy un ordenador! -¡Lo primero que tiene que hacer -le dice el médico- es venir a mi consulta cuanto antes! -¿Y cómo quiere que vaya a su consulta? ¡Estoy enchufado y el cable no llega!
López le pregunta a Martinez: -¿Sabes por qué el calendario siempre está triste? -No, ¿por qué? -Está clarísimo: ¡porque tiene los días... contados!
En el restaurante, Pancho está regañando a López: -¡Has aprovechado que he ido al aseo para comerte mi pizza Caprichosa! López protesta: -¡Embustero! ¡Eso no es verdad! ¡No me la he comido, y además, no era una Caprichosa, tenía muy poca mozzarella... y no estaba nada buena!
Antonio se encuentra a Paco por la calle. -Paco, ¿adónde vas con este libro bajo el brazo? -¡Me lo he encontrado en la calle y ahora iba a devolvérselo a su propietario! -¿Ah, sí? ¿Y ya sabes de quién es? -¡La verdad es que no lo sabía, pero he tenido suerte, porque en la cubierta pone que es de un tal Cervantes!
Pedro y Pablo están cenando en un restaurante. Pedro encuentra una mosca en la sopa. Pablo llama al camarero. -Camarero, hemos encontrado una mosca muerta en la sopa. Y el camarero responde, sin inmutarse: -¿Muerta? ¿Cómo es posible? Si cuando salió de la cocina... ¡aún estaba viva!