Pedro y Jesucristo: -Venga tío, vamos a Jerusalén a tomar la última. -No tío, que allí te clavan...
- Te voy a poner mirando a Cuenca. - ¿No puedes ser más dulce? - Te voy a poner mirando a una pastelería de Cuenca...
Entra un hombre en una tienda de gafas y pregunta: -¿Tienen gafas? -Si, ¿Para el sol? - No, para mi.
Un español, un francés, una rubia que está muy buena y una gorda van en un tren. De repente entran en un túnel, se hace la oscuridad y entonces: ¡Plas! Se escucha el sonido de una gran bofetada. Pero nada más. Luego el tren sale del túnel y los 4 están pensando. La gorda cree que el español le ha metido mano a la rubia y esta le dio una bofetada. La rubia piensa que el español le metió´mano a la gorda, pensando que era yo, y esta le dio una bofetada. El francés por su parte piensa que el español le metió mano a la rubia, esta pensó que era yo y me pegó a mi. Finalmente el español piensa que ¡a ver cuando viene otro túnel y le doy otra bofetada al francés!
Un hombre de 70 años se casa con una de 30 y presume de ella junto al amigo: -Fernando, ¿cómo me ves con mi mujer? -Como la lengua de una vaca. -¿Cómo es eso? -Sí... lejos del conejo y cerca de los cuernos.
Pepito estaba en el salón de clase con sus compañeros, como la profesora no llegaba, todos los alumnos comenzaron a hacer alboroto. Cuando llegó la profesora vio el desorden que había y comenzó a interrogar a los niños: -Juanita, ¿qué has hecho tú? -Yo dibujé en la pizarra. -Pedrito, ¿y tú que hiciste? -Yo tiré mi pupitre contra el suelo. -Pepito, ¿y tú que hiciste? -Yo tiré serpentina por la ventana. -Caramba, aprendan de Pepito que no es un malcriado como ustedes. Pero al pasar unos minutos, tocan la puerta de la clase y entra una niña toda golpeada, la profesora le pregunta: -¿Y tú quién eres? -Yo me llamo Serpentina.
-¿Sabes que hace el número 59 después de correr? -Pues sesenta
Una señora cansada de mantener al loro hecho un vago, decide encerrarlo en el gallinero. Pero, con el paso de los días, lo extraña. Marcha al gallinero, abre la puerta, invita al loro a que salga y, después, le ve caminar patiabierto y agotado. Por lo que le pregunta: -Pedrito, ¿qué te ha pasado... ? ¿Por qué caminas así? -¡Qué importa eso! ¡Lo que yo quisiera saber es quién ha sido el idiota que le ha dicho al gallo que también hay gallinas verdes?
Dicen que los gallos cierran los ojos al cantar porque se saben de memoria lo que cantan.
Había un viejo loco de muy mal genio, gruñón y cascarrabias, que siempre se andaba peleando con todo el mundo. Un día alguien vio que en su jardín tenía un rosal y, sorprendido, le dijo: -No me lo imaginaba a usted capaz de cultivar tan bonitas rosas. Y el viejo respondió en tono agrio: -Es que no las cultivo por las flores, sino por las espinas.
La esposa dice a su marido: -Ahora que va a nacer nuestro segundo hijo, tendremos que mudarnos a una casa más grande. El hijo que está escuchando le dice a su madre: -Es igual, de todos modos nos seguirá.
Un matrimonio celebra sus bodas de plata con una fiesta y muchos invitados, pero el marido está en un rincón, solo y triste. Un amigo le pregunta: -¿Qué pasa? ¿Por qué estás tan triste? -Es que a los cinco años de casados pensé en asesinar a mi mujer, pero el abogado me dijo que pasaría veinte años en la cárcel. -Bueno... ¿Y qué? -No puedo dejar de pensar en que si lo hubiera hecho... ¡esta noche yo sería un hombre libre!
-Cuando llegue el juicio final -decía el predicador- habrá rayos y truenos. Los ríos nos inundarán, habrá terremotos, y lloverá fuego del cielo. Un niño que pasaba por allí con su madre, se vuelve hacia ella y dice: -¿Ese día no tendremos colegio, verdad mamá?
-¿Sabes cuál es la mejor manera de lograr que un andaluz haga algo? -Decirle que, tal vez, sea demasiado viejo para hacerlo.
Al morir la esposa, pidió al marido que grabara en la lápida esta inscripción: "Te espero". Varios años después murió el marido y dispuso que se grabaran en la lápida estas palabras: "Ya estoy aquí"
La esposa pregunta extrañada a su marido: -¿Dónde está el libro Cómo vivir cien años? No lo veo. -Lo escondí. No fuera a ser que lo leyera tu madre.
-A mí, ninguna mujer me ha hecho tonto. -¿Ah no? ¿entonces quién fue?
Después de enviudar, aquella señora se casó con el hermano de su difunto marido. Una vez alguien fue a su casa, y viendo un retrato sobre la chimenea le preguntó: -¿Y ese señor, quién es? -Era mi pobre cuñado, que en paz descanse.
Una señora muy gorda sube al autobús, y un chaval se la queda mirando. -¿Qué miras? ¿Es que nunca has visto a una mujer como yo? -Gratis, no.