En la plaza de toros: -¡Déjenme solo! ¡Déjenme solo...! -Maestro, si está usted solo. -¡Y qué demonios hace ese toro ahí!
Un albañil cae de su andamio, que estab a treinta metros de altura. Dos mujeres lo ven todo golpeado y lo llevan al bar más cercano. -Sírvale un vaso de vino -dicen-, para que se reponga. Y el albañil pregunta: -¿De qué altura me tengo que caer para que me den una copa de Brandy?
Una chica rubia encantadora va por primera vez a cenar a un restaurante de lujo. Al ver pasar al camarero, con una bandeja enorme y un cochinillo con la manzana en la boca, le pregunta: ¿Qué es eso? -Eso... -responde el camarero con mirada amenazante-. Eso es un cliente que no dio suficiente propina
-Pepe, huele a muerto. -¡Pepe...! ¡Peeepeee! -¡PeeeeeePeeeee!
-Maestro, ¿cómo se llama al que mata a sus padres? -Huérfano, mi pequeño saltamontes.
-Maestro, ¿por qué ha dejado la enseñanza del Kung-fu para el final? -Para que no me peguen mis discípulos, mi pequeño saltamontes
-Maestro, ¿a qué debo hacer caso primero, a mi cuerpo, a mi mente o a mi corazón? -¡A mi!, mi pequeño saltamontes.
-Maestro, ¿cómo logro la iluminación? -Pues dale al interruptor, mi pequeño saltamontes
-Maestro, ¿un monje Shao-lin puede tener esposa? -No. Pero consuélate, tampoco puede tener suegra, mi pequeño saltamontes.
-Maestro, ¿cuándo sabré que estoy preparado? -Cuando hayas hervido treinta minutos..., mi pequeño saltamontes
-Maestro, ¿qué es un milagro? -Qué llegues a fin de mes con las ganas, mi pequeño saltamontes
En un examen, el profesor le dice al alumno que no ha sabido contestar a ninguna pregunta: -Le haré una última pregunta: si sabe contestarla, le aprobaré. -¿Cuantos pelos tiene la cola de un caballo? -Cuarenta y dos mil trescientos cincuenta y ocho. -¿Y cómo lo sabe? -le pregunta el maestro. -Perdone profesor -exclama el alumno-, pero esa ya es otra pregunta.
Una madre le pregunta a su hijo: -¿El profesor está contento contigo? -Ya lo creo. -¿Y tú con él? -Más, aún. -¿Por qué? -Porque ha dicho que si todos los niños fuesen como yo, cerraba la escuela
En pleno examen de historia en una escuela para adultos. -¡A ver! Aquél que está cerca de la puerta. -¿Quién perdió la batalla de Waterloo? -No lo sé. -¿Cuándo ocurrió la batalla de Trafalgar? -¿Trafal... qué? No sé nada de eso. -Entonces, ¿qué hizo usted anoche en vez de estudiar? -Estuve jugando a las cartas con mis amigos. -¡Muy bonito hombre! No sé a qué viene usted aquí. -Vengo a poner unas bombillas. Soy el electricista.
La maestra pregunta a sus alumnos: -¿Alguno de ustedes hizo algo, para darle un poco de felicidad a alguien, durante las vacaciones? -Yo hice felices a dos personas maestra -responde un chiquillo-. Fui a pasar unos días a casa de mi hermana, y ella se sintió muy feliz. Y cuando me fui, su esposo se quedó de lo más contento.
El profesor dio el tema de la redacción a sus jóvenes alumnos: -Si yo fuese el director de una gran empresa... Todos los niños se inclinaron sobre sus cuadernos y empezaron a escribir. Todos menos uno. -¡García! ¿Por qué no empieza el ejercicio? -le preguntó el profesor. -Estoy esperando a mi secretaria -contestó el alumno.
Un señor muy, pero muy tacaño entra en una tienda de víveres y le pide al charcutero: -Señor, ¿me pone 15 gramos de jamón? Y el charcutero, con mala cara, le responde: -¿Quiere que se lo envíe a casa? -No, gracias -responde el hombre tacaño-, tengo afuera el camión.
Va un matrimonio muy tacaño en el compartimiento del tren, y a mitad de viaje el tren descarrila espectacularmente. La puerta del compartimento se queda atascada, pero la pareja sólo sufre leves rasguños; por el pasillo se oyen gritos, pasos acelerados, golpes de metal... De pronto, alguien intenta abrir la puerta del compartimiento y, al ver que está cerrada, llaman insistentemente mientras dicen. -¡Abran rápido! Somos de la Cruz Roja! El marido ira a su mujer, y contesta a través de la puerta. -Perdone, pero nosotros ya hemos dado nuestra colaboración.
Está un viejo comerciante judío, tirado en la cama, muriéndose y alrededor está toda su familia. -¿Estás aquí, Gladys, mi querida esposa? -Sí, cariño -responde la mujer afligida. Tras un breve silencio, el enfermo prosigue: -¿Y tú Viviana, mi honrada hija? -Sí, papá -contestó Viviana acariciándole la mano. -¿Y tú Alejandro, mi fiel primogénito? ¿Dónde estás? -Aquí, aquí -contesta el hijo. Entonces el viejo hace un gesto de enfado y murmura: -Y si todos están aquí, ¿quién diablos está supervisando la Empresa?
Estaban dos hombres morenos y un hombre negro cavando un agujero en el desierto, cuando de pronto encuentran la lámpara de Aladino. Al salir el genio de la lámpara, les dice: -Han tenido suerte. Díganme cada uno de ustedes, cuál es su gran deseo y yo se lo concederé. El primer hombre moreno dice: -Mi gran deseo es ser un hombre blanco. El segundo hombre moreno dice: -Mi gran deseo también es ser un hombre blanco. Y el hombren ogro, muerto de la risa dice: -Pues, mi gran deseo es que mis compañeros sean tan negros como yo.