Un médico conversa con un viejo compañero de estudios, ahora cura, al que también está tratando en el hospital: -¡Cómo me gustaría poder evitar ir al Infierno! -Rezaré por ti. Pero, por favor, ¡por el momento evita tú que yo vaya al Cielo!
Un señor tiene que operarse con la mayor urgencia. En el sanatorio le preguntan: -¿Primera o segunda clase? -¿Cuál es la diferencia? -Mire, señor: en la primera los aparatos y los instrumentos son más modernos y los cirujanos de edad; mientras que en la segunda, los aparatos son viejos y los médicos jóvenes...
Una señora visita al médico. Su pecho derecho es mucho más largo que el izquierdo. El doctor no se puede explicar el fenómeno. -Fíjese, doctor, mi marido tiene la costumbre de poner su mano sobre la derecha cuando se duerme. -Muchos hombres tienen la misma costumbre, señora. -Sí, doctor, ¡pero tenga en cuenta que no todos los matrimonios duermen en camas separadas!
-Doctor, ¿conoce usted algo bueno para las ladillas? -Sí, como no... Póngales D.D.T. -No, eso es malo, las mata.
En un pueblo el cura novato va por la noche al bar más moderno para tomar una jarra de cerveza y charlar con sus feligreses. La conversación es muy agradable. Hasta que el cura tiene necesidad de ir al retrete. Cuando vuelve, se da cuenta de que todos se están riendo a carcajadas. Pero él no comprende la razón de las risas. Cuando todos se han ido, el cura pregunta al dueño del bar. -Mire, Padre. ¿A que usted vio una mujer desnuda pintada en la pared del retrete? -Claro, no soy ciego. ¿Y eso qué significa? -Y esa mujer tiene abajo una hoja de parra... -Bien, ¿y qué? -Sabe, Padre, si alguien levanta esa hoja de parra, aquí suena un timbre fuertísimo...
Un feligrés en la iglesia: -Padre, ¿es cierto que aparta usted a las mujeres del mal camino? -Sí, hijo mío, sí. -Pues apárteme dos para esta misma noche.
La señora vuelve de la iglesia y le cuenta a su marido: -Querido, he ido a confesarme. Le he dicho al Padre que en Semana Santa procuro que no entre en mi cuerpo ni un sólo pedazo de carne... -¿Cómo? ¡Te ruego que me respetes y que hables al señor cura de una forma correcta! ¡Debe usar otras palabras para expresarte!
-Buenos días, Padre. ¿Cómo está hoy? -¡Muy mal, sacristán! ¡Acabo de enterarme que su esposa nos engaña!
En un pueblecito un hombre va a confesarse: -Padre, he pecado con una mujer casada. -¡Terrible! ¿Quién es? -No, Padre, no se lo diré. No quiero que se sepa de quién se trata. -¿Acaso la mujer del zapatero? -No, padre. -¿Quizá la mujer del sacristán? -No, Padre. -Ya sé: ¡la mujer del farmacéutico! -No, Padre. ¡Ya le he dicho que no quiero que se sepa de quién se trata! -Entonces, si no me lo dices, tendré que negarte la absolución... El hombre sale de la iglesia y se encuentra con un amigo. -¿Cómo te ha ido? -No me ha dado la absolución el cura; ¡pero dispongo de tres direcciones fenomenales!
En la escuela un sacerdote pregunta a un chico: -¿Sabes cuánto tiempo estuvieron Adán y Eva en el Paraíso? -Sí, señor cura: hasta el 15 de septiembre. ¡Porque antes las manzanas no están maduras!
Va un gitano por la calle, medio desnudo, cuando de pronto le pregunta el churumbelito que va a su lado: -Oye, papá, ¿qué es eso que tienes ahí? -Los cojones, hijo. Un señor, tras haber oído el comentario del padre, exclama: -¿Usted cree que esa es forma de hablarle a un chiquillo? -¿Y qué quiere? Si le digo que son los huevos me pega un bocao, con el hambre que lleva encima.
El pequeño ya había cumplido los siete años, y todavía no conseguía hablar bien. El pobre iba dándole la lata a todo el mundo preguntándole: -¿Pol qué no pelo hablal mien como toos? Un día le hizo la pregunta al cartero, y obtuvo esta respuesta: -Tállate a boca ...! ¿Ez que quieles que nos maten a los dos ... ?
Juanito: -Mi tío es cura, y cuando todo el mundo le ve le llama Padre. Luisito: -Mi tío es cardenal, y todo el mundo le llama Eminencia. Jorgito: -Mi tío pesa ciento ochenta kilos, y todo el mundo que le ve le dice: -¡Dios mío!
Llega el sexto cumpleaños de Rafita y sus padres que son muy liberales y progresistas piensan en educarlo en materia sexual, aunque no saben cómo. Entonces recurren a un médico amigo y tras varias horas de teoría le preguntan: -¿Qué tal? ¿Lograste entender todo? -Pues sí -dice Rafita- aunque no se bien qué tiene que ver conmigo. Yo lo que quiero es ser astronauta.
En un examen, le pregunta el profesor a una alumna: -¿Sabría usted decirme por qué creó Dios primero al hombre y después a la mujer? La chica contesta: -Porque como en todas las buenas obras, primero se hace el borrador.
El ama de cría está sentada en el parque con su amorcito, el cabo de artillería. Desde el cochecito, el pequeño observa al ama y, mientras el joven apasionado extiende la mano para tocar un pecho de la hermosa chavala, exclama: -¡Eh, tú, quita las manos de mi merienda!
¡Toma tu abrigo de visón, estúpido! ¡Habrase visto, confundirme a mi con una de ésas... Yo soy dos tallas más alta!
Un chico de 18 años, un poco estúpido, dice a su padre: -Una señorita me ha guiñado un ojo y me ha invitado a tomar algo. -Sí, hijo... -Papá, es que también me ha invitado a su casa. ¿Voy? -Sí, hijo. -Papi, y si me invita a meterme en la cama, con ella, para hacer el amor... ¿eso cómo se hace? -Es muy sencillo: sólo tienes que meter tu miembro en la parte donde ella hace pipí. Al otro día... -¡Papá, he tenido un gran problema... Tuvo que venir el fontanero para sacarme el miembro del inodoro!
-Doctor, dígame, ¿por qué usted siempre quiere saber qué tipo de vino beben sus pacientes? -pregunta la enfermera sorprendida. -Muy simple, señorita. Según el precio de la marca del vino así hago la factura de mi trabajo.
-Usted es una mujer maravillosa -dice el médico a la señora después del parto-. ¡Se ha portado usted tan bien que la herida que le causó el niño tendría que cosérsela con hilo de oro! -Muchísimas gracias, doctor. Pero le aconsejaría que utilice alambre de púas: ¡éste es mi octavo hijo ...!