El camorrista tonto en el callejón

Un camorrista muy tonto se oculta en un callejón y cuando ve a un transeúnte se abalanza sobre él. -¡Eh, tú, si dices una sola palabra, te... te... te... rompo la cara! Pero el transeúnte lo desafía: -¡Vamos, hombre, no me hagas reír, so memo! El camorrista tonto se pone rojo y masculla: -¡Has tenido suerte! ¡Si llegas a decir una sola palabra, en lugar de siete... te... te habría partido la cara.

Buscando a Fernández en Valencia

Un tipo bastante tonto llega a la estación de Valencia, baja del tren, se dirige al jefe de estación y le dice: -¡Disculpe, estoy buscando a un amigo mío que se llama Fernández! El jefe de estación se ríe y le dice: -Pero ¿usted sabe la cantidad de Fernández que hay en Valencia? ¿Cómo pretende que los conozca a todos? El tonto replica: -¡No, no es necesario que los conozca a todos, me basta con que conozca al que yo estoy buscando!

El juez que no entendía la orden

Un juez de atletismo le dice a otro: -Para dar la salida de la carrera bastará con que dispares un tiro con esta pistola, ¿de acuerdo? Y el otro le responde: -¡Pues claro que lo he entendido, no soy tonto! Lo que no me has dicho es a que atleta tengo que disparar...

El jefe llama a la oficina

El jefe llama a la oficina desde su casa, y habla con su secretaria. -Buenos días, señorita Casilda; ¿ha llamado algún imbécil esta mañana? -No, señor Bermúdez -le responde ella-, ¡usted es el primero!

La mosca en la sopa del restaurante

En un restaurante, un cliente se queja al camarero: -¡Camarero, mire, hay una mosca en mi sopa! Y el camarero le responde sin inmutarse: -¡No se preocupe, señor! Ya se la comerá la araña que hay en su ensalada.

La luciérnaga tacaña y su vuelo

¿Cuál es el colmo de una luciérgana tacaña? ¡Volar a oscuras para gastar menos!

El tacaño guarda sobras para el perrito

Un hombre muy tacaño está comiendo en un restaurante con su hijo y llama al camarero: -Camarero, tráigame una bolsa: quiero guardar la sobras para el perrito... Y el niño exclama: - ¡Yupi! ¡mi papá me va a comprar un perrito!

El tacaño y la mosca en la jarra

Un tipo muy muy tacaño está tomándose una cerveza en un bar. De pronto empieza a zumbar una mosca a su alrededor, con tan mala fortuna que acaba cayendo en la jarra del avaro. Éste la coge por las alitas, se la queda mirando fijamente y le dice con voz amenazante: -¡Ya estás escupiendo todo lo que te has tragado!

Todos dan una hora distinta

-Disculpe, ¿podría decirme qué hora es? -Las seis en punto. -¡Vaya, ya ha vuelto a suceder! -¿Qué quiere decir? -¡Pues que llevo todo el día preguntando la hora y nadie se pone de acuerdo!

Veinte minutos en la cola de Correos

Una señora lleva veinte minutos esperando su turno en Correos. -¡Perdone, pero es que ya llevo veinte minutos aquí! -dice, indignada. El empleado de correos suspira y le responde: -Señora mía, qué quiere que le diga, yo llevo veinte años...

El pingüino albañil y el director de circo

Una mañana cualquiera, un grupo de albañiles entra en la bar que siempre frecuentan. Entre ellos hay un pingüino, con su mono de trabajo, su capazo para el cemento, su cinturón de herramientas... Cuando terminan la jornada en la obra se reencuentran en el bar, y allí coinciden con el director de un circo que dice estar al borde de la ruina y que solo se salvaría si encontrase una atracción única, nunca vista. El dueño del bar le habla del pingüino albañil y se lo presenta. El director del circo, convencido de haber hallado la solución a sus problemas, le dice al pingüino: -¡Te ofrezco un trabajo fantástico! ¡Con el circo ganarás muchísimo dinero, verás mundo, te harás famoso...! -Todo eso está muy bien -le responde el pingüino-, pero lo que no acabo de entender es qué pinta un albañil en un circo...

El viajero dormido que se pasa de estación

Un señor toma un tren nocturno y le pide al revisor que lo despierte cuando lleguen a su estación de destino. Se duerme, y cuando por la mañana se despierta, se percata de que se ha pasado un montón de estaciones. Furioso, llama al revisor y le exige una explicación. -Señor -le dice el revisor-, pues si usted está enfadado, imagínese cómo debe de estar el otro viajero al que confundí e hice bajar en su lugar.

El motociclista Miguelón Bujías

Redoble de tambor. El presentador anuncia: -¡Señores y señoras, a continuación, el mítico, el excepcional motorista Miguelón Bujías, les ofrecerá un espectáculo sin igual: conducirá una moto con los ojos vendados! Miguelón pasa a toda velocidad ante el público con los ojos vendados. El presentador vuelve: -Y ahora... ¡sin pies! Miguelón levanta los pies de los estribos y pasa como un rayo. Y de nuevo: -Ahora... ¡sin manos! De pronto se oye un gran porrazo. El presentador: -Y para terminar... ¡Miguelón sin dientes!

Examen de conducir en el desierto

En el desierto del Sahara en medio de la nada... Un beduino le pregunta a otro: -¿Qué tal te fue el examen de conducir? -¡Muy mal! ¡Horrible! -¿Qué pasó? -¡Pues que me tocó el recorrido más difícil... Ya sabes, aquel que hay que dar la vuelta a la palmera...

La viejecita y el motorista

Una viejecita está cruzando y un motorista la atropella. La pobre, que está muy magullada, se incorpora y empieza a gritar: -¡Es usted un pirata de la carretera! ¿Está ciego o qué? -¿Ciego, yo? -le responde el otro la mar de indignado-. ¡Pero si le he dado de lleno!

Preguntando por la calle Maestros Cantores

Un señor le pregunta a un transeúnte: -Disculpe, ¿podría indicarme cómo puedo ir a la calle de los Maestros Cantores? El transeúnte se queda pensativo y por fin dice: -Verá, es un poco complicado... tome la primera a la derecha, cuando llegue al semáforo vuelva a girar a la derecha, siga recto unos cincuenta metros, a continuación tome la segunda a la izquierda, cruce las tres arcadas, y cuando llegue a la estación suba por el puente; cuando llegue al monumento a la Concordia siga recto hacia delante hasta el río, y una vez en el muelle, ya puede aparcar el coche. -¿Qué coche quiere que aparque? -pregunta el otro-. ¡Pero si voy a pie! -¡Ah, entonces tendría que habérmelo dicho antes! ¡Es la primera calle a la izquierda!

El profesor y el dentista en el tren

Un hombre que está viajando en tren explica: -¡Yo soy un célebre profesor, y cuando hablo todo el mundo me escucha con la boca abierta! Un señor que está a su lado sonría y le dice: -¡Pues a mí me pasa lo mismo! -Ah, entonces ¿usted también es profesor? -¡No, no, que va! Yo soy... ¡dentista!

El semáforo en verde y el distraído

Hay una cola de automóviles esperando a que el semáforo cambie de color. Cuando el disco se pone verde, el conductor del coche que se encuentra delante de todo está distraído y no arranca. Alguien en la cola le grita: -¡Eh, ¿a qué estás esperando?, ¿a que el semáforo madure?

El inquilino y los animales del piso

Un señor entra en una tienda de animales y pide dos arañas, tres lagartijas, tres ratones y siete escarabajos. El dependiente le pregunta intrigado: -Disculpe, ¿es usted científico que está preparando algún experimento? -Qué va... lo que pasa es que hace tres años alquilé un apartamento. Ahora tengo que mudarme, y el propietario me insistió en que lo dejara exactamente igual que cuando me lo alquiló.

Soy bidente, no vidente

-¿Sabías que soy bidente? -¿Ah sí? ¿Puedes leer el futuro? -No, eso lo hacen los videntes, yo solo tengo dos dientes...