Max le comenta a Moritz: -¡Mi prima me ha contado aquel secreto que yo te dije que no le contaras! Y Moritz le responde: -¡Pero si había dicho que no te dijera que yo se lo había dicho! Max añade: -Tú siempre tan bocazas... ¡En cualquier caso, te agradecería que no le dijeras que yo te dije que ella me lo había dicho!
Max le explica a Moritz: -¡Pasaba por debajo de una ventana y me ha caído una radio en la cabeza! -¡Pobrecillo! ¿Te ha dolido mucho? -le pregunta Moritz. -¡¡¡No, qué va, por suerte en ese momento estaba sonando música ligera!!!
Max se encuentra a Moritz por la calle y le dice: -¡Estoy escandalizado, hoy el carnicero me ha pasado un billete de diez euros... ¡falso! ¡Es increíble la cara dura que tienen algunos! -¿Y tú qué has hecho? ¿Dónde tienes el billete? -Hombre, pues se lo he pasado al de la pastelería...
Max le dice a Moritz: -¡Me caso dentro de tres días! -¡Caray, qué buena noticia! -dice Moritz-. ¿Es guapa la futura esposa? -Muy guapa. -¿Y es simpática? -¡Muy simpática! ¡Por cierto, es gemela! -¿Ah, sí? ¿Y cómo te las apañarás para no confundirla? -No hay problema: ¡su hermano lleva bigote!
-¡A ver, Rodolfo, no has de chupar el dorso de los sellos, es my antihigiénico y podrías contraer alguna enfermedad grave! Rodolfo, que no está de acuerdo, le responde: -¡Lo que tú digas, Antonio, pero si chupo la parte de delante, no se pegan!
¿Por qué no se puede ordeñar a una hormiga? Porque no existen cubos tan pequeños. ¿Cómo meterías una jirafa en una despensa? Muy fácil: ¡Agujerando el techo!
Un joven atleta llega a casa muy enfadado porque acaban de descalificarlo. Su madre le pregunta qué ha sucedido: -¡Todo ha sido por culpa del perro! -explica el chico-. ¡Ya te dije que no era buena idea llevármelo a la competición! -¿Por qué? ¿Qué ha hecho? -¡Cada vez que yo lanzaba la jabalina, salía corriendo tras ella y me la traía!
Un señor muestra su perro a unos amigos. -Es un animal inteligentísimo -dice con orgullo. Veréis, si alguien le da dinero, ¡corre al quiosco más cercano, compra el periódico, y se lo trae! uno de los amigos, que no se lo acaba de creer, decide hacer la prueba. Le pone un billete entre los dientes al animal, y este se incorpora de golpe, sale de casa y se aleja a toda velocidad. Pasa media hora, y el amigo empieza a soltar indirectas sobre el considerable retraso del perro. -¿Pero cuánto dinero le has dado? -pregunta intrigado el dueño del animal. -Diez euros -responde el otro, que no se esperaba aquella pregunta. -¡Ah, pues entonces ya está todo claro! -concluye el amo con una sonrisa de satisfacción-. ¡Cuando le das más dinero de la cuenta, después de pasar por el quiosco se va al cine!
Una simpática ancianita entra en una droguería y pregunta al dependiente: -¿Tienen algo para las moscas? -Sí, por supuesto -responde sonriente el tendero-, ¿qué prefiere, papel atrapamoscas o insecticida? -Pero ¿qué está usted diciendo? -exclama escandalizada la anciana-. ¡Con esas cosas podría matarlas!
¿Qué hace un africano en la guerra desnudo a medianoche? ¡Camuflarse!
En España el único apellido que es correcto es el de Iglesias, y no por Pablo precisamente, sino por Julio, porque efectivamente, podría ser el padre de cualquiera de nosotros.
Dos locos se encuentran en el jardín del hospital psiquiátrico; uno de ellos le enseña el puño cerrado al otro y le dice: -¿A que no adivinas qué tengo en la mano? -Humm... ¡un elefante! El del puño cerrado pone cara de fastidio y replica: -Sí, claro, pero... ¿de qué color es?
Un grupo de turistas visita unas grutas muy famosas. Una vez dentro, uno de los visitantes le pregunta al guía con voz de preocupación: -Disculpe, pero aquí no habrá murciélagos, ¿verdad? -¡Tranquilo, señor -le responde el guía-, todos los que había se los han comido las serpientes de cascabel!
-Compré un par de zapatos de cocodrilo, pero tuve que devolverlos. -¿Por qué? -Es que mi cocodrilo tiene cuatro patas, y con dos zapatos, ya me dirás....
El violinista más famoso del mundo acaba una de sus actuaciones entre grandes aplausos. Una admiradora se le acerca y le dice: -El sonido de su violín es tan maravilloso que estoy segura de que podría amansar a las fieras. El violinista siente curiosidad por saber si realmente su música tiene esa virtud, así que decide pasar sus vacaciones en una reserva de fauna en África. Los guardas de la reserva están muy preocupados, pero el violinista insiste tanto que al final obtiene una autorización. Empieza a tocar el violín ante una manada de leones y, en efecto, lo escuchan con placer y se muestran dóciles. Todos menos uno, que de repente le salta encima y lo devora. El resto de los leones rugen de indignación: -Pero ¿qué has hecho? ¡Ese violinista tocaba de maravilla! Y el león les responde: -¿Qué decís? ¡No os oigo! ¿Podríais hablarme más fuerte?
Max le dice al Moritz: -Oye, Moritz, ya hace un año que me debes cien euros. He decidido hacer un esfuerzo y echarle una mano, así que olvidaré la mitad de la cifra. Moritz, agradecido, le responde: -¡Estupendo, Max, yo también haré un esfuerzo y olvidaré la otra mitad!
Una rata bobalicona corre por la calle como si huyera de alguien, y entonces se encuentra a una amiga. -¿Qué te ha pasado? -le pregunta la amiga. -¡Le he quitado una espina a un animal que me he encontrado en la calle, pensando que estaba realizando una buena acción, y resulta que se ha enfadado muchísimo y ahora me persigue! -¡Es increíble, cuánta ingratitud hay en el mundo! -exclama la amiga. -¡Sí -responde la rata-, pero es que era un puercoespín!
Max le dice a Moritz: -Eh, Moritz, préstame diez euros... ¡pero dame sólo cinco! -¿Y por qué te he de dar sólo cinco? -¡Porque así tú me deberás cinco, y como yo también te deberé cinco a ti, entonces ya estaremos en paz!
Max va a ver a Moritz a su casa. Cuando entra, lo encuentra sosteniendo una bolsa de hielo sobre una esquina de la mesa. Max le pregunta: -¿Qué haces? Moritz le responde: -Me he dado un golpe con la esquina de la mesa, y el médico me ha dicho que aplicara una bolsa de hielo...
Max y Moritz están dando un paseo por el barrio de éste último. En un momento dado se cruzan con un gato negro, que al verlos maúlla: -¡Buenos días, Moritz! Max se queda patidifuso: -¡Has oído eso! ¡Es increíble! -¿Te parece increíble? -le pregunta Moritz-. Bah, no veo por qué... ¡en este barrio nos conocemos todos!