La llamada que la señora López no escuchó

Suena el teléfono en casa de los López. La señora López descuelga y exclama: -No... no... noooo, ¡no me lo digas!, no puede ser... es increíble... Guarda silencio un instante, escucha y vuelve a decir: -Oh, no... noooo, ¡no me lo digas!, no puede ser... es increíble... Y al fin cuelga. El señor López, intrigado, le pregunta -¿Qué ha pasado? Y la señora López le responde: -¡¡¡No lo sé, al final no me lo ha dicho!!!

El jefe llama a la oficina

El jefe llama a la oficina desde su casa, y habla con su secretaria. -Buenos días, señorita Casilda; ¿ha llamado algún imbécil esta mañana? -No, señor Bermúdez -le responde ella-, ¡usted es el primero!

El hermano tacaño y la atención

Un hombre muy tacaño le dice a su hermano: -Por favor, necesito que me prestes un poco de atención... -Hum -masculla el otro-, vale, te la prestaré, ¡pero con un diez por ciento de interés!

El niño al que llamaron usurero

-¡Mamá, mamá, en el cole me han llamado usurero! -Vaya por Dios, ¿y quién ha sido? -Si me sueltas cinco euros te lo digo...

El avaro pide un vuelo económico

Un tipo extremadamente avaro decide irse de viaje, pero de forma económica. Cuando llega al mostrador de la compañía aérea, la azafata le pregunta: -¿Es usted el que ha pedido un vuelo a París muy muy muuuuy económico? -¡Sí, soy yo! -¡Muy bien, pues ahora mismo le pego unas alas a la espalda!

El naufragio del tacaño

Un hombre muy, muy, muy tacaño naufraga en una isla desierta. Llega medio muerto a la playa, y en cuanto se recupera un poco, coge una hoja de platanero, la clava en un árbol y escribe con un pedazo de carbon: Playa privada. ¡Entrada: 1 euro!

El pececillo y el agua mineral

¿Qué hace un pececillo de colores en una pecera llena de agua mineral? ¡Darse un hidromasaje!

El loro que ladra en la fiesta

En una fiesta de disfraces los invitados enmascarados bailan la mar de felices. Entretanto, un loro observa la fiesta desde su percha. Un tipo disfrazado de Napoleón pasa por su lado, y el loro le ladra. -¡Madre mía! ¡Nunca había oído ladrar a un loro! -¿Es que no ves que voy disfrazado de perro?

El concurso de chistes en la selva

Los animales de la selva están aburridos porque allí nunca sucede nada. De modo que deciden organizar un concurso de chiste para pasar el rato. Solo hay un único juez, la tortuga: si la tortuga se ríe, el concursante pasará a la final. Si no, será expulsado para siempre de la selva. El primer concursante, un mono, explica un chiste sobre unas ratas bobas que arranca las carcajadas de todos los presentes... salvo de la tortuga. Y por tanto es expulsado. Después le toca al león, que explica un chiste de Jaimito. De nuevo todos se tronchan de risa salvo la tortuga, y el león es condenado al exilio. A continuación es el turno del elefante. Pero cuando está en mitad de su chiste, la tortuga empieza a desternillarse de risa, y al final exclama: -¡Ja, ja, ja, aquel de las ratas bobas era buenísimo!

La mosca en la sopa del restaurante

En un restaurante, un cliente se queja al camarero: -¡Camarero, mire, hay una mosca en mi sopa! Y el camarero le responde sin inmutarse: -¡No se preocupe, señor! Ya se la comerá la araña que hay en su ensalada.

Dos pollitos dentro de su huevo

¿Sabes qué le dice un pollito que está entro del huevo a otro pollito que está dentro de otro huevo? ¡Cuando nazcamos... lo vamos a romper!

El caracol vuelve diez años después

Está un hombre cuidando su huerto cuando, de repente, encuentra un caracol entre las lechugas. Así que, para que no se las coma, lo coge y lo lanza todo lo lejos que pude. Al cabo de diez años, el hombre está mirando la tele en el salón cuando, de repente, oye que alguien da golpecitos al cristal de la ventana. Se acerca y se encuentra al caracol que le dice: -Oye, ¿se puede saber a qué ha venido lo de antes?

La luciérnaga tacaña y su vuelo

¿Cuál es el colmo de una luciérgana tacaña? ¡Volar a oscuras para gastar menos!

El mono y la jirafa en el río

Están un mono y una jirafa en la sabana, muertos de calor, cuando de repente llegan a un río, y le dice el mono a la jirafa: -¡Uf, me muero de ganas de bañarme! Pero no ´se si será demasiado profundo. Y sin decir nada, la jirafa entra en el río, ve que el agua le cubre hasta el cuello y, toda contenta, le dice al mono: -¡Entra tranquilo, que hago pie!

La granjera imita a una zanahoria

Un conejo se escapa de la conejera y se oculta entre las hierbas altas. La granjera lo persigue en vano, pues el conejo ha sido más rápido y ahora ya no está a la vista. Entonces el marido le dice: -¡Acabo de tener una idea buenísima! Si quieres atraer el conejo hacia ti, no tienes más que... ¡imitar el sonido de una zanahoria!

La cerilla nueva o usada

Un hombre le pregunta a otro: -Perdona, ¿no tendrías una cerilla? Y el otro, que es muy, muy tacaño, le responde: -¿nueva o usada?

Los gemelos avaros y la maquinilla

Había una vez dos hermanos gemelos muy muy avaros, terriblemente avaros. A los veinte años, uno de los dos se fue a América. Treinta años más tarde, regresa y abraza a su hermano. El recién llegado se lo queda mirando y le dice: -¡Hermano mío! ¡Es increíble! ¡Cómo te ha crecido la barba! ¡La tienes larguísima! -Hombre, ¿y qué querías? Cuando te fuiste te llevaste la maquinilla de afeitar...

La bebida de los koalas y el jersey

¿Sabes cuál es la bebida favorita de los koalas? ¡La Coca-Koala! ¿Sabes cuantas ovejas se necesitan para hacer un jersey? Hombre, pues dependen de lo buenas que sean tejiendo.

El préstamo de veinte euros

Un amigo le pide dinero a otro: -¿Puedes prestarme veinte euros? -¿Y cuándo piensas devolvérmelos? -¡Hombre, no pretenderás que por veinte miserables euros encima te adivine el futuro!

El cazador liebre y el faisán

Un cazador muere, va al cielo y es reenviado a la Tierra en forma de liebre. Un día acaba frente a un cazador que está a punto de dispararle y le suplica: -¡No me dispare, por lo que más quiera! ¡Aunque no me crea, antes de ser una liebre era un cazador como usted! Y el cazador le responde sin dejar de apuntarle: -¡Qué me va usted a contar... yo, en la otra vida, era un faisán!