Es el primer concierto de la orquesta filarmónica. La pulga ha encontrado un tibio y cómodo refugio en la barba del director, y se acomoda para pasar el largo invierno. Pero, cuando el director agita su batuta y los 126 instrumentos empiezan a tocar, la pulga se asusta y abandona velozmente la barbar, en busca de un refugio más tranquilo. Lo encuentra entre los senos procaces de la tocadora del arpa; pero también aquí, entre los mullidos cojines, el ruido le parece ensordecedor. Así que la pulga baja hasta el fondo, donde encuentra muy relativa tibieza y calma en una espesa floresta. -Aquí pasaré todo el invierno -se dice. Se duerme profundamente, hasta que se vuelve a despertar a causa de una música estrepitosa de un solo instrumento. Sacando la cabeza de su nueva casa, la pulga se da cuenta, ¡milagro de los milagros!, que ha vuelto de nuevo a la barba del director.
Tres ratones entran en un bar, se sientan ante la barra y comienzan a beber en serio. Los tres se emborrachan bien y, en un determinado momento, empiezan a jactarse de su valor. -En cuanto salga de aquí, me iré a hablar a ese idiota que está en la Casa Blanca de su estúpida política -dice el primer ratón. -¡Eso no es nada! -interviene el segundo- yo pienso ir al Kremlin, para decir a esa gentuza lo que pienso de ellos. Ambos miran al tercer ratón, que permanece en silencio y con su aire soñador en los ojos. -Bueno, ¿y tú qué pretendes hacer? -le preguntan. -¡Yo me voy a joder a un gato!
Un pequinés y un cocker se encuentran en la esquina de una calle, y descubren que cada uno de ellos está citado con la perrita de lanas blancas. Y justamente cuando están decidiendo darle una lección dejándola plantada la en llegar por la calle acompañada por un pequeño bastardo con el que se halla liada en cálida efusiones. A lo que el pequinés se vuele al cocker y le dice con amargura: -¿No son acaso mujeres las perras?
Un gitano viaja en el metro, y un pollito que lleva escondido en el bolsillo del pantalón saca la cabeza por la bragueta. Una chica lo ve y dice a su amiga: -¡Fíjate, fíjate! muchas veces he visto una cosa así, pero es la primera vez que me guiña un ojo...
Una chica excitante quiere subir al autobús. Lleva una falda corta d con cuatro botones atrás. No puede subir. Se abre el botón... no puede. El segundo... no puede; el tercero... no llega hasta arriba. Un chico detrás de ella la empuja hasta arriba. -¡Usted es un insolente, sinvergüenza! -se encara al joven, dispuesta a arañarle. -¿Sinvergüenza yo? ¡Ya es el tercer botón que usted me abre de la bragueta ...!
Una galleguita morena y muy bonita sin dinero sube a un tren. Llega el vigilante. -No tengo billete. Pero si quiere se lo puedo pagar de otra forma. El vigilante acepta, y se lo cuenta a sus compañeros de tren, y a las tres estaciones otro vigilante repite la misma historia, con idéntico resultado, y así cuatro veces. Al llegar a una estación sube el inspector: -Billete, por favor. -Yo no llevo billete. -¿Y desde dónde viaja sin billete? -Desde La Coruña. -¿Y hasta dónde va? -Si la rajita aguanta, hasta Oviedo...
El conductor de un camión entra en un bar a la salida del pueblo. -Disculpen, ¿pueden decirme si por esta zona hay vacas negras? -No las hay. -¿Y cabras negras? -No las hay. -¿Acaso un caballo negro? -Tampoco lo hay. -Pues vaya... ¡Entonces creo que acabo de atropellar a un cura!
Interrogado un náufrago sobre sus peripecias, reconoció con naturalidad. -En realidad hay poco que contar. Naufragamos una joven pasajera y yo, que era el contramaestre. Los dos fuimos a parar a una isla desierta, donde permanecimos cinco años alimentándonos de la caza y de la pesca. Hace unos pocos días pasó un barco y nos recogió a los nueve.
Una tía maciza en un autobús más completo se queja de un joven que viene molestando todo el tiempo. -¡Oiga! ¿Es necesario que usted se ponga pegado a mí? ¡Degenerado! -Perdone, señorita... ¡Le aseguro que no es culpa mía! Acabo de cobrar el sueldo de la semana, y me lo han dado todo en monedas... -No sea impertinente... ¿O me quiere decir que entre Cibeles y la Plaza de España le han aumentado el sueldo?
Una pareja que lleva casada desde hace muchos años ha estado sin hijos hasta que, inesperadamente, ella se queda embarazada, y en su fecha debida da a luz un niño con los cabellos tan rojos como el fuego. PEro lo singular es que, tanto el marido como la mujer, es que sus padres son morenos. Así que el marido, mosqueado, se va a consultar a un médico. Este le formula una serie de preguntas, hasta que llega a la frecuencia de las relaciones sexuales: -¿Lo hacen semanalmente? -No. -Entonces será mensualmente, ¿no es cierto? -No -¿Acaso dentro de un plazo de tres meses? -No -¿Quizá cada año? -Sí, más o menos. -Ya lo tengo -admitió el doctor, sonriendo. -No hay duda: ¡Esos cabellos de su hijo se deben al óxido!
Marido y mujer deciden regalarse con una semana de vacaciones, pero cada uno por su lado. El hombre va al mar, y la mujer a la montaña. Cuando vuelven a encontrarse, se confían sus experiencias. El marido admite haber asistido a una fiesta, en la que la dueña era bellísima y el esposo un borracho. Por lo que, dado que la ocasión hace ladró al más honrado, se encontraron en la cama. Después sigue: -Estaba desnuda, sus ojos eran lánguidos, y yo la miraba. Todo era maravilloso. De repente me acordé de ti. ¡Cogí mi ropa y me marché! Su mujer la mira irónicamente, suspira y confiesa: -¡Qué afortunado has sido tú, querido! A mí no me ha sucedido lo mismo, ¡pobre de mí!, porque cuando quise coger la ropa, para escapar, ¡aquel pedazo de hombre que se encontraba encima de mí no me lo permitió...!
El tío Hector hace unos comentarios bastante humillantes sobre su pobre mujer, la tía Ofelia, y una señora comenta: -Si mi marido dijese de mí esas cosas en público, ¡le aseguro que se la cortaría! Tía Ofelia responde: -¡Pues yo no: me sirve a mí más que a él!
La próxima pecadora es Josefa. -Padre, ayúdeme. El domingo fui al cine con Pedro y, más tarde, fuimos a dar una vuelta por el bosque... -¿Y? -Primero me cogió de la mano, luego me abrazó, después me besó por toda la cara... Me obligó a acostarme... Sólo para descansar un rato, me dijo. Empezó a desnudarme, y aunque yo luchaba... -¡Ya sé, ni una palabra más...! Te introdujo el órgano, ¿verdad? -Sabe, Padre, yo de música no sé mucho... ¡pero creo que aquello era una flauta!
Mientras camina hacia el cementerio Gustaf ve a un hombre llorando, le sigue para consolarle. Pero, cuando los dos llegan ante el puesto de flores prefiere no decirle nada, aunque no se separa del sujeto desconsolado. Así los dos se detienen antes una tumba, y el hombre rompe a gemir preguntando histéricamente: -¿Por qué te tuviste que morir? ¿Por qué te tuviste que morir? ¿Por qué? Como Gustaf es un individuo de buen corazón, decide consolarle y le pregunta: -Me disgusta verle tan desesperado. ¿Verdad que el difunto era familiar suyo? El hombre deja de llorar, durante un momento, y replica: -¡Si no lo he visto en mi vida... Pero era el primer marido de mi mujer!
Marido y mujer, ya no muy jóvenes, están en la cama. Y ella, en un momento de apasionamiento, exclama: -¿Te acuerdas, querido, de nuestra primera noche? Yo fui muy tímida y arisca al ofrecerte todo de mi misma... -¿Todo? -preguntó él con un tono burlón. -Bueno, todo lo que habían dejado los demás...
Estaba María en un juzgado y el juez le pregunta: -María, me ha dicho que usted mató a su esposo. Y María le responde: Yo o lo maté, le voy a contar lo que pasó. -Yo estaba lavando cuando él va y me empieza a tirar agua, y me dice: -¡Cómo que te llueve!, yo no dije nada. Luego me tira piedras y me dice: ¡Cómo que te graniza!, yo tampoco respondí nada. Después el cogió un látigo y me empezó a dar y me dice: ¡Cómo que te relampaguea!. Entonces ya me dio rabia, cogí un machete y le di un solo golpe diciéndole: Cómo que te parte un rayo.
-Mamita, ¿a qué hora nací yo? -A las tres de la madrugada. -Lo lamento. ¡Espero no haberte despertado
Eran 2 gallegos y le pregunta uno al otro: -¿Qué hacen las hormigas fuertes. -Pues no sé. Hacen hormigón...
-Amor, amor. -¿Qué quieres ahora cielito? -Me parece que voy a tener un hijo? ¿Qué quieres que sea? -Un chiste.
Jesucristo vuelve a la Tierra y nadie cree en su identidad. -¡Sólo si realizas tres milagros te creemos! ¡Resucita un muerto! Extendiendo la diestra, un muerto se alza. -¡Convierte el agua en vino! Y lo hace. -Camina sobre las aguas. Comienza a caminar sobre las aguas del río, y... ¡glu, glu...! Medio sofocado, Jesucristo sale del río, y se lamenta: -¡Me había olvidado que tengo los pies agujereados!