s Chistes malos — Página 66 | Chistes Cortos Buenos

El bombero entra a la cantina

Llega un hombre a una cantina y mientras se dirige a la barra lo miran todas las personas asombrados. Llega aquel tío y pida una cerveza y el camarero le dice: -Usted es bombero, ¿verdad? Aquel hombre se sorprende y le pregunta: -¿Y usted cómo lo supo? Y le dice el cantinero: -Me di cuenta por la forma de caminar, la forma de abrir la puerta, la forma que levanta usted la barbilla, las botas, el casco y el extinguidor.

Un vasco comenta el nacimiento de Jesús

Le dice un vasco a otro: -Mira que Jesús llegaba a ser humilde. ¡Nacer en Belén pudiendo hacerlo en Bilbao!

Dos exagerados hablan de su belén

Se encuentran dos tíos muy exagerados y uno le cuenta al otro: -Me he comprado mil mulos y mil bueyes. Este año me va a quedar un belén chulísimo.

El pasajero que se queja en el vuelo

Durante un vuelo, una azafata se acerca a un hombre que se está quejando y le dice: -¿Qué le pasa, señor? -Pasa que estoy hasta las narices de esta compañía aérea. Ni puedo ver la peli ni me dejan dormir. La azafata respira profundamente y le dice: -Comandante, ¿y si deja de quejarse y aterriza de una vez?

El avaro encuentra una tirita

Un avaro va por la calle y se encuentra una tirita. La recoge y dice: -Ahora tendré que cortarme para aprovecharla.

El alcalde loco da una charla sobre el sida

Un alcalde muy tonto y loco en la plaza mayor dando una charla sobre el sida dice: -Hay que relacionarse con los que tienen sida porque no pasa nada, eh, no pasa nada. En esto que coge una jeringa con sida se la inyecta y dice: -Veis, no pasa nada, nada de nada. Luego coge una maquinilla de afeitar infectada de sida y se afeita a lo Rambo haciéndose rajas en toda la cara y dice: -Véis, tampoco pasa nada, eh, ¿queréis saber por qué no pasa nada? Pues porque tengo el preservativo puesto.

El paciente despierta y ve una barba

El paciente se encuentra en la cama y mira fijamente la barba del médico antes de dormirse para la operación. Cuando despierta, otra vez ve la barba. -Gracias, doctor, que me ha salvado la vida... -Yo no soy el doctor: ¡yo soy San Pedro!

El coronel ofrece trabajo a un amigo

Un coronel del ejército pasea por Londres en una tarde de sol. De pronto, reconoce a un paseante. Se saludan calurosamente, y el hombre confiesa estar sin trabajo. -Espléndido, viejo amigo -exclama el coronel-. Necesito un criado, ¿te va bien el trabajo? El hombre se pone muy contento, y el coronel le dice que puede empezar al día siguiente. Tendrá que despertarle a las ocho en punto. El nuevo criado entra a la hora convenida, sacude al coronel en el hombro hasta que le despierta y, después, se dirige al otro lado de la cama. Descubre allí a la mujer de su señor, que duerme tranquilamente, y le chilla al oído: -¡Arriba, mujerzuela, ya va siendo hora de que regreses a tu pueblo.

Familia de piojos en cabeza calva

Va una familia de piojos paseando por la cabeza de tipo calvo y habla el hijo mayor: -Papá, yo esto no lo veo. Vamos a otro que este está asfaltado.

Beduinos hablando de sus vacaciones

A su regreso de las vacaciones estivales, un beduino se encuentra con un amigo en mitad del árido desierto. -¿Qué tal te han ido las vacaciones? -le pregunta el amigo. -¡Han sido fabulosas! -exclama el beduido con entusiasmo-. ¡No dejó de llover ni un solo instante en quince días!

El premio al animal más raro

Un amigo le cuenta a otro: -¿Sabías que National Geographic ofrece un premio de diez mil euros a quien presente el animal más raro del mundo? -¡Es genial! ¿Nos apuntamos? -Tú no te preocupes por nada... ¡Quedamos en la puerta, te presento, ganas y nos repartimos el premio!

La trampa para ratas y el tren

Un hombre entra en una ferretería. -¡Rápido, deme una trampa para ratas! ¡Dese prisa que he de coger el tren! El dependiente sacude la cabeza y le dice: -¡Lo siento, señor, pero esta trampa no creo que le sirva para atrapar trenes!

El loro con anginas no quiere hablar

Una señora entra en una tienda de animales y ve un loro que le gusta. El comerciante le explica que el pájaro en cuestión no puede hablar porque tiene anginas. La señora, que es un poco desconfiada, insiste en hacer hablar al loro, hasta que este, ofendido, le suelta: -Señora, no insista: ¡estoy enfermo y hoy no pienso trabajar!

La esposa que se cree avión y no puede ir

Un señor telefonea al médico: -¡Doctor, mi esposa está convencida de que es un avión! -¡Caramba -exclama el médico-, pues tráigala a la consulta cuanto antes! -¡Doctor, no sé cuándo podrá venir. Ahora mismo está en vuelo... ¡además, en el aeropuerto hay mucha niebla y a lo mejor la hacen desviar hacia otra ciudad!

El remedio para el resfriado del paciente

Un médico visita a su paciente. -¿Qué, cómo le ha ido el remedio que le di para el resfriado? -Hombre, así, así... -¿Cómo es eso? ¿Ya se toma el zumo de naranja después del baño caliente? Y el paciente le responde: -¿Sabe qué pasa, doctor? Que después de beberme toda el agua del baño caliente, el zumo ya no me entra...

El canguro llama a su amigo

Un canguro telefonea a su amigo: -¿Qué tal, cómo estás? Hace tiempo que no nos vemos... Si te parece bien, mañana paso por tu casa... ¡total, vivo tan cerca, que puedo plantarme aquí de un salto!

El perro solo atiende el teléfono

Un perro está solo en casa. De repente, suena el teléfono, el perro lo coge y dice: -¿Guau? La persona que ha llamado, sorprendida, exclama: -¿Cómo, perdón? -¡Guau! -Perdone, pero creo que no le entiendo. Y el perro, ya cansado, dice: -¡A ver: G de gato, U de Uruguay, A de Alemania y U de Universo!

La impuntualidad y la espera de quince minutos

Max está enfadado con Moritz por su impuntualidad: -¡Ya te vale, has llegado una hora tarde! ¡Llevo esperándote quince minutos!

El perro que arruinó la competición

Un joven atleta llega a casa muy enfadado porque acaban de descalificarlo. Su madre le pregunta qué ha sucedido: -¡Todo ha sido por culpa del perro! -explica el chico-. ¡Ya te dije que no era buena idea llevármelo a la competición! -¿Por qué? ¿Qué ha hecho? -¡Cada vez que yo lanzaba la jabalina, salía corriendo tras ella y me la traía!

Carne de buey y pescado sin nadar

Max le dice a Moritz: -¿Sabes, Moritz? ya hace años que como carne, mucha carne, y por eso me siento fuerte como un buey. Moritz se rasca la cabeza y comenta: -Caramba... pues yo hace un montón de años que como pescado, y aún no sé nadar...