La mujer sin dinero en el taxi

La mujer entra en un taxi, se echa en el asiento posterior y dice: -Taxista, debo ir al hotel Azul, pero no tengo dinero. ¿Acepta que le pague con mi persona? Para demostrar qué tipo de hembra es, se levanta las faldas, se abre de piernas y enseña que no lleva bragas. El conductor del taxi se da la vuelta, mira largo rato el espectáculo, luego frunce el ceño y exclama: -¡Señora, temo que me he quedado sin cambio! ¿No tendría usted una moneda más pequeña?

La viejecita con el bastón ruidoso

Una viejecita sube al autobús con mucha dificultad. Lleva un bastón y moviéndose de un lado a otro, hace mucho ruido. -Señora, ¿sabe que si usted le pusiera una goma al bastón -le aconseja un joven sentado cómodamente- no molestaría con tanto ruido...? -¡Tienes razón, chiquillo, tienes razón! Pero si tu padre también se hubiera puesto una goma, entonces tú no estarías aquí y yo podría sentarme en tu lugar...

El viajero mareado en el tren

Un gallego baja del tren con el rostro verde. Un amigo le pregunta qué le ha pasado. -Me he mareado -responde el viajero-. Me pongo malísimo cuando viajo de espaldas a la locomotora. -Pero ¿Por qué no le has pedido al viajero sentado en frente que te cambiase de sitio? La gente siempre se muestra muy amable con estos casos. -Ya lo he pensado -reconoce el viajero-; pero es que no había nadie sentado delante.

El marido que llega a casa

Un marido, al volver a su casa, descubre a su mujer en la cama con otro. Enfurecido, grita: -¡Desgraciada, te voya a matar... Te haré pedazos! Y después, volviéndose al hombre: -¡En cuanto a ti...! -¿En cuanto a mí? -susurra el hombre, levantándose y exhibiendo un cuerpo de luchador. -En cuanto a ti... Es mejor que se vista usted, no vaya a ser que coja un resfriado.

La embarazada y los veinte euros

La señora Jimenez se encuentra en su último mes de embarazo. Su marido quiere acercarse a ella. -¡No... Ten un poco de cuidado! Toma 20 euros, y ve a buscar a otra mujer. El marido sale corriendo, y regresa pasado una hora. -¿Tan rápido ... ? Pero ¿dónde has ido? -Aquí mismo, con doña Josefa. Me ha cobrado los 20 euros. -¿Cómo? ¡Será sinvergüenza! ¡Cuando ella estaba embarazada, yo no le cobré ni un sólo euro a su marido.

El viudo ante el juez

Un hombre es condenado a prisión por haber mantenido relaciones sexuales con el cadáver de su propia mujer a las poca horas de la muerte. Cuando el juez le pregunta qué puede alegar en su defensa, el hombre declara muy seguro: -Honradamente, su señoría, no sabía que Ethel estuviese muerta. ¡Si siempre ha estado así durante nuestros doce años de matrimonio!

El comerciante telegrafía desde Londres

Una tarde, un comerciante va a Londres por primera vez, y le gusta tanto que decide quedarse a pasar unas vacaciones. Telegrafía a su socio: "Reúnete conmigo para un alegre fin de semana. Trae a mi mujer y a tu amante." El socio le telegrafía como respuesta: "Vamos en seguida... Pero ¿desde cuándo sabes tú lo nuestro?"

El remedio de la curandera para el hipo

Una señora recorre sin resultado varias clínicas, tratando de curar el hipo de su hijito. Días más tarde, una curandera le aconseja que, durante la noche, le coloque en el miembro un rojo, ¡y el remedio funcionará! Pasando un tiempo, el marido llega a casa borracho, y su hipo no le deja a la señora dormir. Entonces, ésta recuerda el remedio, y apela al mismo. A la mañana siguiente, el marido, al sacársela para orinar, exclama: -Que me emborraché, me acuerdo... que estuve en el prostíbulo, también... pero que me premiasen, ¡eso sí que se me ha olvidado!

El viajante regresa antes de tiempo

Un viajante de comercio regresa un día ante de lo anunciado a su casa. Su esposa ya se encuentra en cama. La ve muy nerviosa. Rápido se desnuda, y pretende colocar su traje en el armario ropero. Pero, cuando abre la puerta, se tropieza con un muchacho desnudo que está escondido en el fondo,. Furioso, grita a su esposa: -¿Cuántas veces te he de decir que coloques a tus amantes en tu armario, y no en el mío?

En la ventanilla de billetes

En la ventanilla de venta de billetes de una estación de ferrocarril, un individuo pregunta: -Por favor, ¿tiene un billete para Villaescusa? El funcionario responde negativamente. Entonces, el individuo se vuelve hacia su compañero y le dice: -Lo siento, Villaescusa, pero tendrás que ir a pie.

Los náufragos y la promesa a Dios

Dos náufragos sobre una balsa pasan cuatro días sin comer ni beber. Ya están al final de sus esfuerzos. Uno de ellos se arrodilla y reza: -Dios mío, toda mi vida fui malo, perverso, incrédulo. Te prometo que si me salvo cambiaré de vida y toda mi fortuna te... Le interrumpe el otro: -¡Calla, calla! No prometas nada, que veo un barco que se acerca a nosotros...

El Gran Jefe indio en el tren

El jefe de la tribu india viaja en tren con un compañero de la tribu rumbo al lugar donde se va a celebrar una conferencia con el jefe de los "rostros pálidos". El calor es intenso y el Gran Jefe dice a su ayudante: -Gran Jefe indio tener gran sed. El ayudante sale presuroso del comprotamiento para buscar agua, y vuelve al poco rato con un vaso de papel lleno de agua. Pero la sed es implacable y la operación de traer agua se repite en muchas ocasiones. Por último, el ayudante viene con las manos vacías. -Gran Jefe querer más agua. -Gran Jefe tener que esperar; hombre blanco estar sentado en fuente mágica.

El conductor de autobús y el señor educado

Un conductor de autobuses, muy grosero, grita a la gente: -¡Vamos arriba, cornudos! Un señor se le acerca y le dice muy educado: -Le felicito. ¿Cómo ha sabido que yo soy un cornudo? Pero, fíjese, yo tuve un hijo; luego, marché dos años al extranjero y, cuando regresé, encontré que tenía dos hijos... Entonces, al primero le dije: "tendrás talento y serás ingeniero"; y al segundo: "tú eres un hijo de puta, por lo que serás conductor de autobús"...

La chica en el coche y el paraje solitario

Un joven viaja en su coche con una chica estupenda. Se detiene en mitad del camino, en un paraje solitario, y le pregunta: -¿Tú gritarías si yo intentase violarte? -Solamente gritaría si tú necesitases ayuda...

Los dos naúfragos en la isla desierta

Los ocupantes de una avioneta sufren un accidente y caen en una isla solitaria, donde no hay nada para comer. El piloto, de veinticinco años, y el pasajero, un viajero de ochenta. Después de ocho días de hambre, comprenden que uno tiene que morir para que el otro sobreviva. El anciano llora: -¡Qué ganará usted conmigo... Soy un puro hueso... Qué muerte tan horrible...! El joven no aguanta el llanto y le tranquiliza: -Total, todos tenemos que morir. Es cuestión de calendario. Coge el revólver, se lo pone en la sien, y ... El viejo le detiene, lamentándose: -¡No por favor, no! ¡En la cabeza no... A mí me gustan tanto los sesos...!

En la parada del autobús

En la parada del autobús, un chico se acerca a una chica. -¡Hola! -Hola -le responde ella. -Bueno, tras esta conversación tan acalorada, podríamos irnos a la cama, ¿no? -¡Joder tío, creí que no me lo ibas a proponer nunca!

El amante escondido en el piso trece

La señora se divierte haciendo el amor con su ligue de turno. De repente, oye la puerta, y se da cuenta que ha regresado su marido un día antes de lo normal. -¡Qué desastre! ¡Rápido, salta por la ventana, querido! -¡Pero, amor mío, si estamos en el piso trece! -¡Bueno! ¿Te parece oportuno el momento para mostrarte supersticioso?

El telegrama de la ex esposa

El matrimonio no marcha de acuerdo y, al final, ella solicita el divorcio. El frustrado marido se queda con el corazón hecho pedazos, y no nota ningún alivio al saber que ella se ha vuelto a casar. Semana después, obsesionado por la curiosidad acerca de la valía de su sustituto, escribe una carta a su ex esposa, preguntándole cómo le va. Recibe un telegrama con una palabra: 'Chevrolet'. El compungido, sin comprender el significado del mensaje, se dirige a un salón de exposición de coches, confiando en que encontrará la respuesta. Y lo primero que ve es un gran cartel que dice: 'Chevrolet, más grande, más sólido y 12 centímetros más largo'

Miguel con dos maletas y la cara destrozada

Ricardo encuentra en la calle a su amigo Miguel con dos maletas y la cara hecha una "via crucis": un ojo amoratado, dos dientes rotos, los labios partidos, las orejas vendadas y los nudillos desechos. -¡Dios mío ... ¿Qué te ha pasado, Miguel? -Mi mujer ... ¡Menuda bronca hemos tenido... -¿Bronca? ¡Dirás paliza! ¡Pero si mi mujer me hace eso, a mí, la mato! -¿Y qué crees que llevo yo en las dos maletas?

El señor Gutiérrez se marcha a París

El señor Gutiérrez se marcha a París. Su esposa le acompaña hasta el aeropuerto, y cariñosamente le hace oír el último consejo: -Querido, no gastes tu dinero en cosas que puedes tener gratis en casa...